Julio César, el cubano que arregla los relojes gigantes

Julio César, el cubano que arregla los relojes gigantes
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Julio César Valiño no es un relojero más, de esos que se sientan en una mesita a cambiar baterías. A él le gustan los relojes gigantes que adornan los edificios. Hubo una época en que fueron comunes en Cuba. Lamentablemente quedan muy pocos, y la mayoría sin funcionar. De ahí que Julio se haya propuesto devolverles la vida a todos los que pueda.

A él se debe que el reloj de la antigua estación de ferrocarriles de Sagua la Grande haya vuelto a dar la hora exacta tras décadas de abandono. Cuando se decidió a arreglarlo, la máquina estaba tan lastimada que, más que un arreglo, fue casi un acto de resurrección.

Julio César se siente el padre del enorme reloj de la antigua estación de ferrocarriles

Reloj de la estación de ferrocarril de Sagua La Grande

Reloj de la estación de ferrocarril de Sagua La Grande. Fuente: Maykel González Vivero – OnCubaNews.

Por eso se siente como el padre del enorme reloj del edificio y, aunque vive en un pueblo vecino, siempre llama por teléfono a un amigo para que le avise si las manecillas están marcando la hora correcta. Si existe algún problema (porque alguien le dio cuerda al revés u otro motivo) enseguida se presenta en la ciudad y lo soluciona. Julio César afirma que nadie mejor que él entiende ese mecanismo y no le pesa.

La pasión por los relojes le nació siendo apenas un niño. Su abuelo puso un reloj Westclock sobre un saco de abono que lo pudrió y Julio César lo sintió como un crimen.

Julio César trabajando

Julio César trabajando. Fuente: OnCubaNews.

Sin embargo, no tuvo la oportunidad de aprender el oficio hasta después de terminar su carrera de Ingeniería Civil. El mejor relojero de Cifuentes le enseñó los rudimentos del oficio y lo demás lo fue aprendiendo con la práctica.

Su carrera comenzó con relojes de péndulo

Reloj de pared de péndulo

Reloj de pared de péndulo. Fuente: Daelsan.

Comenzó con los relojes de péndulo y después se interesó por los públicos, porque en el fondo son muy parecidos. Maquinarias que pueden funcionar eternamente con sólo cambiar las piezas que se desgastan y darle mantenimiento adecuado.

En Cuba hay relojes públicos de hasta 200 años que se emplazaron para que fueran casi eternos, no para ser sustituidos. Si la mayoría no funciona hoy, se debe a la desidia y no a la calidad de las maquinarias.

Gracias a Julio César, Sagua la Grande es una de las pocas ciudades de Cuba en la que sus dos centenarios relojes públicos aún funcionan. Cuando dijo que iba a arreglarlos le dijeron que no se podía. Luego, que no valía la pena, y por último que cuánto cobraba por el trabajo. No cobró nada, los echó a andar y para él, eso fue pago suficiente.

Escrito por: Redacción - NGM, usando información de: Archivo TodoCuba.
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