La triste historia de Mery, la anciana que recoge latas en La Habana Vieja

La triste historia de Mery, la anciana que recoge latas en La Habana Vieja

Mery Aimé tiene más de 60 años y vive de recoger latas y recuperar objetos de la basura en La Habana Vieja. Todos los meses el Estado cubano le entrega una pensión de 147 pesos y le da el derecho de asistir a un comedor social. La pensión no le alcanza, y al comedor prefiere no ir porque la comida está muy mala.

Comenzó a recoger latas hace casi 15 años, cuando en las casas recolectoras de materias primas entregaban ropa y otros artículos a cambio de los enlaces de aluminio. Continuó cuando comenzaron a entregar pomos de refresco de cola a cambio de las latas y no paró de hacerlo cuando finalmente la empresa decidió empezar a pagar en efectivo.

Son ocho pesos cubanos por kilógramo lo que pagan las casas. A algunos les parece mucho, pero en realidad es una miseria. Mery debe caminar casi seis horas para poder recolectar un kilogramo de latas y en muchas ocasiones no llega a hacerlo; porque ella no trabaja por una cantidad, sino en un circuito determinado. Cuando llega al final del mismo, cerca del Parque Central, se detiene y comienza a aplastar sus latas… las que tenga.

No realiza ese trabajo por placer, sino por necesidad. Su única compañía es su perrita pekinesa que vive con ella en un pequeño apartamento de un edificio colonial ruinoso de la calle Muralla. Debe alimentarla y por eso se agacha más de cien veces en el día para recoger un kilogramo de latas en la calle.

De vez en cuando saca también de la basura botellas de cerveza que un muchacho les compra a peso, u objetos que han desechado sus dueños y que ella consigue que sigan teniendo alguna utilidad.

Los turistas también le regalan algunas “cosas buenas”. Hasta un abrigo de visón y un bolso de diseño le dieron una vez; pero todo eso ella se lo da a su hija cuando va a visitarla, porque no le gusta llegar “con las manos vacías”.

Mery es una mujer limpia. No recoge latas de los fangueros, ni de los contenedores de basura, sólo de la calle y de las papeleras. Esto disminuye las cantidades que recolecta, pero prefiere no arriesgar su salud a cambio de dinero.

Los que la ven cargar esos grandes sacos a su espalda suelen pensar que el trabajo de Mery es de millonarios; pero 70 u 80 latas suman apenas un kilógramo. Llevándolo a comida, significa que para poder comprar una libra de hígado para ella y su perrita, la anciana debe caminar 30 kilómetros durante 15 horas  y media.

Escrito por: Redacción.