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La vieja Mery recoge latas
Juan Suárez

La triste historia de Mery, la anciana que recoge latas

Mery Aimé tiene más de setenta años y vive de recoger latas y recuperar objetos de la basura en La Habana Vieja. Todos los meses, el gobierno cubano le entrega una pensión de 147 pesos y le da el derecho de asistir a un comedor social. Sin embargo, ella asegura que la pensión no le alcanza, y al comedor prefiere no ir porque la comida está muy mala y el horario le dificulta su recorrido de recolección.


Mery recoge latas en la Habana Vieja
Mery recoge latas en la Habana Vieja. Fuente: El Diario.

Comenzó a recoger latas hace casi 15 años, cuando las casas recolectoras de materias primas entregaban ropa y otros artículos a cambio de los enlaces de aluminio. Continuó cuando comenzaron a entregar pomos de refresco de cola a cambio de las latas y no paró de hacerlo cuando finalmente la empresa decidió empezar a pagar en efectivo.

Las casas pagan solamente ochos pesos por kilogramo

Son ocho pesos cubanos por kilogramo lo que pagan las casas. A algunos les parece mucho, pero en realidad es una miseria. Mery debe caminar casi seis horas para poder recolectar un kilogramo de latas y en muchas ocasiones no llega a hacerlo; porque ella no trabaja por una cantidad, sino en un circuito determinado. Cuando llega al final del mismo, cerca del Parque Central, se detiene y comienza a aplastar sus latas… las que tenga.

Mery no realiza ese trabajo por placer, sino por necesidad. Su única compañía es su perrita pekinesa que vive con ella en un pequeño apartamento de un edificio colonial ruinoso de la calle Muralla. Ella debe alimentarla y por eso se agacha más de cien veces en el día para recoger un kilogramo de latas en la calle. A veces, Mery piensa en regalar su perrita. Le da miedo que a ella le pase algo y la perrita se quede sola. Los recuerdos que le traen las fotos, atesoradas en una agenda que funge de álbum, le mantienen viva la memoria.

La casa donde vive Mery con su perrita
La casa donde vive Mery con su perrita. Fuente: Cubanos por el Mundo.

De vez en cuando saca también de la basura botellas de cerveza que un muchacho le compra a peso, u objetos que han desechado sus dueños y que ella consigue que sigan teniendo alguna utilidad. Su casa está llena de cosas que recogió en la calle, como unas sombrillas que convirtió en tapetes.

Los turistas también le regalan algunas “cosas buenas”. Hasta un abrigo de visón, unos zapatos tenis y un bolso de diseño le dieron una vez; pero todo eso ella se lo da a su hija cuando va a visitarla, porque no le gusta llegar “con las manos vacías”. Mery también tuvo un hijo, que murió de cirrosis hepática ya hace cinco años. Se casó tres veces, pero ahora está sola con su perrita.

Mery no recoge latas de fangueros ni de contenedores de basura

Mery es una mujer limpia. No recoge latas de los fangueros, ni de los contenedores de basura, sólo de la calle y de las papeleras. Esto disminuye las cantidades que recolecta, pero prefiere no arriesgar su salud a cambio de dinero.

Los que la ven cargar esos grandes sacos a su espalda suelen pensar que el trabajo de Mery es de millonarios; pero 70 u 80 latas suman apenas un kilogramo. Llevándolo a comida, significa que para poder comprar una libra de hígado para ella y su perrita, la anciana debe caminar 30 kilómetros durante 15 horas  y media.

La caminata se hace más fácil cantando. Y Mery canta una vieja canción de amor. Su voz diáfana y melodiosa se escucha por las tardes en Muralla o en Obispo, cuando la anciana camina buscando las latas que le darán el sustento a ella y a su perrita.

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Escrito por | Redacción - NGM

Fuente: Cubanos por el mundo

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