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José Martí era un hombre que sin dudas sabía enamorar a las mujeres: Descubre en esta carta cuánto sufría por él una de sus amantes

Esta carta fue remitida por una dama que firmaba su escrito como M., de ella solo se sabe que era una joven madrileña que tuvo relaciones amorosas con Martí entre 1871 – 1874. A continuación, fragmentos de una de sus cartas.

“De M.                                                                               Madrid [1875]


Nada hay en el mundo que tanto daño le haya hecho a nuestros amores que la duda y tu tenacidad en no creerme. Siempre he sufrido por eso y a veces he dicho: “No, no quiero que mi Pepe sepa por mí misma todo lo que sufro, todo lo que yo haría si él me dejara. ¿De qué ha de servirme si no lo ha de creer, si no tiene fe en mi lealtad?”. A veces he dicho para mí: “No, no me conoce, no sabe medir mi amor y mi dolor y no porque no lo comprenda, sino porque no me cree”. Como si yo te hubiera engañado alguna vez. Como si no hubiera sido bastante prueba todo lo que has visto y un año entero de separación y de horrible prueba. Parece imposible, mi Pepe, que cuando tú sabes lo que te ama mi alma y el dolor que hoy me domina por la separación, te atrevas a consolarme con la duda, que en tu última carta me muestras; eso es no tener corazón, no tener lástima de mi alma que tan enamorada está siempre de la tuya. Duda, duda tú de mí todo lo que quieras. Mal harás a tu alma; la mía, en cambio, no mudará de dueño ni aunque el resentimiento me destrozara el corazón. ¿Por qué, mi vida, mi idolatrada vida mía, no me crees? ¿Por qué dudas de mí? ¿No comprendes que eso me hace daño, mucho daño y me obliga a creer que tú también serás capaz de olvidarme antes de que hayas llegado al lugar de tu destino? ¿Mi pecho? Dices de mi pecho y recuerdas lo que tú sólo oías y protestabas de la pureza y verdad de que lo que siempre amorosísimo te dijo y sintió por ti. Protestabas de la verdad de lo que aún separado de ti repite en sueño y repite despierto y aún parécele en su entu­siasta cariño que tú lo escuchas. ¡Ay, Pepe!  No quiero exclamar ahora como todas las mujeres dicen en ocasión semejante. No, no. Para ellas todos los hombres son iguales; pero no, tú no eres igual a ninguno para mí, tú solo eres mi idolatrado Pepe, mi vida, la vida de mi existencia, la vida de mi alma. No lo creas si no quieres. (…) ¡Pobre loca mía! ¡Pobre alma que me anima! ¡Oh! Ojalá tener valor para arrancarme de todos los que me aman y a los cuales soy tan necesaria, que entonces tú tendrías que despertar de veras y darme cuenta de lo [que] con mi alma has hecho, o entonces te convencerías de lo que puede una alma como la mía y cómo sabe sentir esta pobre mujer que hoy sólo sabe llorar tu ausencia e idolatrarte cada vez más…” ([1]).   

Esta carta fue remitida por una dama que firmaba su escrito como M. -heraldo.com

[1] Ripoll, Carlos. Internet. “La vida íntima y secreta de José Martí”.

Autor: Maikel Mederos Fiallo

 

Escrito por | Redacción - NGM

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