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¿Sabías que el asco de las mujeres a las ranas tiene origen bíblico? (y otras curiosidades muy cubanas sobre estos anfibios)

Más de una mujer cubana ha salido corriendo encuera desde el baño para el medio de la calle al encontrarse con una rana. Este pobre anfibio, que ningún mal hace, es capaz de anular con su sola presencia el pudor, el honor y la virtud de muchas féminas y hacerles desarrollar una velocidad cercana a la de la luz. ¿El motivo? Numerosos historiadores y sociólogos afirman que se encuentra en la Biblia.


Dicen estos señores que el miedo heredado a las ranas, sapos y congéneres es una consecuencia de las restricciones que las sagradas escrituras imponían a los israelitas para el contacto y consumo de estos resbaladizos bichos.

Muy diferente a la opinión que de ellos tenían los aborígenes cubanos que consideraban a las ranas como un animal sagrado. Seguro, seguro, que ninguna india salía corriendo ante una rana.

Para los indocubanos la rana era Toa o Tona (que no es más que “rana” en lengua aruaca). Su canto evocaba la lluvia y su figura servía para decorar las vasijas rituales. La rana para los indios era un muy buen bicho, pues con la lluvia crecían las cosechas y eran todos felices. Y tenían, además, ranas para aburrir pues de las 46 especies que hoy habitan la Isla, ya existían 43 antes de que el primer europeo pisara Cuba.

Para los indocubanos la rana era Toa o Tona

Estas 46 especies se clasifican en terrestres, arbóreas y petrícolas (así que, cuidado mujeres, que de cualquier lado salta una rana) y entre ellas destaca la Sminthillus limbatus, o ranita de Cuba que es la más pequeña del mundo.

Aunque Cuba está muy lejos de poseer la rana más grande del mundo, sí posee ejemplares grandototes como el sapo toro, cuyas ancas son muy sabrosas, y el sapo muesca de occidente que es el más grande de toda esta clase de vertebrados en las Antillas.

La rana, amén de asustar a las féminas, les presta algunos servicios poco ortodoxos, pues sus polvos desecados son muy utilizados en la santería para sortilegios y amarres… De todo hay en la viña del Señor.

Escrito por | Redacción - AHP

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