fbpx
Entérate cómo fue el robo del diamante del Capitolio
Nigel Pacquette / Wikimed

Entérate cómo fue el robo del diamante del Capitolio

Nadie podía presagiar que el lunes 25 de marzo de 1946 se produciría el robo del diamante de 25 quilates que en el Capitolio Nacional marcaba el kilómetro cero de todas las distancias de la Isla.


Todo comenzó cuando a las siete de la mañana de ese día, el vigilante Enrique Mena, de la Policía del Senado, durante su recorrido habitual por el Salón de los Pasos Perdidos, advirtió la falta del brillante y enseguida dio cuenta a sus superiores.

El diamante del Capitolio, un tesoro bien protegido

La joya se consideraba uno de los tesoros mejor protegidos de la República. La habían incrustado en ágata y platino antes de introducirla en un bloque de andesita, considerado el granito más fuerte del mundo, y éste a su vez fue recubierto por otro, de concreto. Finalmente se empotró en el piso del Capitolio.

Con tal seguridad, nadie pensaría que aquel diamante pudiera ser robado, pero sólo 30 minutos bastaron a los ladrones para sustraer el brillante, el cual reaparecería un año y medio después en el despacho oficial del presidente de la nación. Según contó el presidente Grau, se lo enviaron de forma anónima, dentro de un sobre de papel amarillo.  Tanto misterio resulta muy conveniente, si consideramos la moral de los gobernantes de aquel momento.

El diamante, punto 0 de la red de carreteras cubanas
El diamante, punto cero de la red de carreteras cubanas. Fuente: Meutia Chaerani / Wikimedia (CC BY 2.5).

Pero aun cabe hacer muchas preguntas, ¿Quién lo robó? ¿Quién lo devolvió? ¿Cómo lo devolvió? No hay respuestas para estas interrogantes, pues el robo, la delincuencia y la corrupción formaban parte de los gobiernos de la época.

El origen de la Carretera Central de Cuba

Cabe destacar que en la historia han existido objetos encargados de medir los trayectos. Los romanos medían sus distancias a partir de un hito situado en el Capitolio. Los franceses, desde el célebre Arco de Triunfo parisino, y en los Estados Unidos el sistema vial del este arrancaba desde la aguja del Capitolio de Washington. Cuba no podía ser menos.

En La Habana, el diamante no sólo señalaría el punto inicial de la Carretera Central, sino que además dividiría en dos el lujoso espacio del Salón de los Pasos Perdidos, una especie de túnel que se inspiró en la galería cilíndrica de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano. El ala izquierda correspondería al Senado mientras que a la derecha estaba la Cámara de Representantes.

Pronto el brillante se convirtió en una de las grandes atracciones turísticas de la capital. En catálogos de agencias de viaje norteamericanas se atribuían poderes mágicos a la joya, que decían, curaba a los enfermos e irradiaba buena suerte.

Pero lejos de esparcir buena suerte, el brillante del Capitolio tenía mala sombra, se decía que llevaba la desgracia a todo el que lo tocaba. Y esto último parece ser verdadero pues todos los gobernantes de turno cayeron pronto en desgracia.

Escrito por | Redacción - AHP

Fuente: Capitán San Luis / Archivo TodoCuba

Patrocinado por: Pacotillas - Envíos a Cuba