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La historia real del torrero pinañero que contribuyó a la leyenda de que la gente de Pinar del Río es boba

En la costa norte de la provincia de Pinar del Río se encuentra el poblado de Santa Lucía. Desde que se fundó en la segunda década del siglo XX siempre ha sido relativamente próspero por ser el puerto de embarque del cobre de las minas de Matahambre; y aún después del cierre de estas ha continuado asociado a otros proyectos mineros de la región.


Para mejorar las condiciones de navegación de la zona, en 1902 las autoridades cubanas inauguraron el faro de cayo Jutías a tres millas de donde luego surgiría el poblado de Santa Lucía y, como es lógico designaron un torrero para que cuidara de las instalaciones.

El faro de forma circular emitía su destello de luz que alcanzaba las 19 millas náuticas cada quince segundos y funcionaba a base de keroseno (que los cubanos llamaban y siguen llamando “luzbrillante” por la marca comercial más popular que existía entonces). Como no existían fábricas en las cercanías este producto se transportaba en una goleta propiedad de un español que hacía viajes desde La Habana una vez al mes al apartado cayo.

Entre el torrero y el patrón de la pequeña goleta surgió una gran amistad, pues el español le hizo no pocos favores al primero en sus viajes a La Habana. Tanto así que llegaron, incluso a ser compadres.

Hasta que el famoso Ciclón de los Cinco Días atravesó la región circundante y acabó con la quinta y con los mangos. El poderoso huracán arrancó de raíz los manglares del cayo dejando enormes huecos en a arena. En uno de esos agujeros el torrero encontró 10 barras de oro que algún pirata había ocultado siglos antes allí.

Las recogió y las llevó para su casa. Cuando el español llegó con la goleta para abastecer el faro de combustible le llamó y le dijo: “Mire compadre, coja estas diez barras de bronce que me encontré en un hueco para que las use de lastre en el barco”. El marino puso su mejor cara de póker, le agradeció, regresó a su goleta y no paró hasta España.

Un mes después el torrero se extrañó al ver aparecer un nuevo barco apareciera en cayo Jutía a abastecer el faro. “!Ah, usted es el Bobo de la Yuca!”, fue lo único que le dijo el capitán cuando bajo a la playa.

Escrito por | Redacción

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