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Yenobys Sánchez, el joven cubano que consiguió convertir el plástico en oro

En el central poblado de Esperanza, Villa Clara, a un costado de la Carretera Centra, un joven cubano ha conseguido el sueño de todos los alquimistas: convertir una materia extraña en oro. Yenoyis Sánchez Pérez, de sólo 26 años ha establecido un próspero negocio que aprovecha el plástico de desecho para elaborar piezas que ahorran al país decenas de miles de dólares en importaciones al año.


Yenobys ha montado, gracias a su ingenio, la única fábrica cubana capaz de producir los conos y tapones de plástico que se utilizan para ensamblar las traviesas del ferrocarril. Estos dispositivos son los que permiten estirar las cabillas de la traviesa y protegen los sistemas eléctricos que van adheridos a la traviesa para aislarlos del agua y el concreto.

Al mes el taller de Yenobys produce unas cien mil unidades de cada tipo, lo que obliga a la fábrica a funcionar las 24 horas del día y establecer varios turnos de trabajo. Su industria da empleo bien remunerado a 20 personas en una zona muy pobre, donde las opciones de trabajo son muy pocas.

Yenobys ha montado, gracias a su ingenio, la única fábrica cubana capaz de producir los conos y tapones de plástico que se utilizan en los ferrocariles

Toda la producción se la compra la Empresa Industrial de Instalaciones Fijas, única fábrica de traviesas de ferrocarril en Cuba. Esta vieja industria de tecnología soviética ya no es capaz de fabricar los conos y tapones de plástico debido a la obsolescencia de su tecnología. Al comprarle la producción al pequeño empresario de Esperanza evita tener que importar estos dispositivos imprescindibles. Es un negocio mutuamente beneficioso en el que ambas están felices.

Sin embargo, llegar a ese nivel de felicidad no resultó sencillo, porque en Cuba la burocracia siempre tiene un problema para cada solución; y cuando la industria le propuso al joven villareño que produjera las piezas para comprárselas, los “expertos” se aparecieron con que no existía una fórmula legal para hacer el pago a un cuentapropista.

El único camino fue una “interpretación” de los estatutos del Fondo Cubano de Bienes Culturales para otorgarle a la fábrica de Yenobys la condición de proyecto artístico. De esa forma los conos y tapones podían ser adquiridos por la industria, aunque no tengan la función ni el aspecto de objetos artesanales.

Toda la producción se la compra la Empresa Industrial de Instalaciones Fijas, única fábrica de traviesas de ferrocarril en Cuba

Hasta la aparición de los pequeños talleres como el de Yenobys, todo el nylon que entraba en Cuba, de una forma u otra, terminaba siendo quemado. Ahora se aprovecha para crear piezas y partes que sustituyen importaciones, crean empleos y permiten que muchos cubanos tengan acceso a empleos bien remunerados en el sector privado y cooperativo.

Yenobys se graduó como licenciado en Laboratorio Clínico, pero encontró su destino en la industria. En su taller ha hecho prácticamente de todo: mangueras, tuberías eléctricas, tuberías de regadío, etc, etc… hasta que llegó la propuesta de la fábricas de traviesas y se especializó por completo en producir conos y tapones.

El ejemplo de la sociedad que mantiene su pequeño negocio con una gran empresa estatal, en el que ambos se benefician es un ejemplo que deberían seguir otras industrias cubanas que malgastan su capital saliendo a comprar afuera lo que pueden encargar dentro.

Fuente: El Toque

Escrito por | Redacción

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