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Vivencias de preuniversitario cubano: el hueco entre el V-3 y H-5.

Los preuniversitarios en el campo fueron una idea que cobró vida en los primeros años de la década de los ´70 del siglo XX, mediante un plan de construcción masivo, de estas instalaciones, en diversos lugares de la geografía rural cubana.


En la antigua provincia La Habana, en Güines y Melena del Sur (al este),  Caimito y Güira de Melena (al oeste), fueron los municipios donde más escuelas se construyeron, para absorber a los estudiantes de la capital cubana más los de Habana campo. En Isla de la Juventud se erigieron gran número de escuelas, en su mayoría dedicadas a estudiantes extranjeros.

Inicialmente se crearon dos modelos de escuelas. Las primeras con un edificio de tres plantas (el área docente) con el balcón hacia el interior, un pasillo aéreo que comunicaba con el edificio de cuatro plantas (área de dormitorios y otros servicios como barbería, enfermería y hospitalito) y en un punto intermedio al pasillo aéreo, debajo de este, otra construcción con el comedor y la cocina. Se disponía también de un teatro y cafetería en uno de los extremos del edificio de dormitorios en la primera planta.

La diferencia más señalada del segundo proyecto de escuelas consistía en que el edificio docente tenía su balcón hacia el exterior. Un tercer modelo comenzó a construirse en los años ´80, revolucionando todo el diseño arquitectónico hasta ahora descrito, pero fueron menos los construidos y con la llegada del Período Especial quedaron incluso escuelas de este tipo a medio construir y nunca fueron finalizadas.

Como todas las cosas en Cuba de esa época, las escuelas en el campo tuvieron sus momentos de gloria, de meseta y hasta de crisis. En la primera etapa existía todo un parque automotor de hasta siete vehículos que en definitiva quedaría en una sola guagua de guardia. Los alumnos eran abastecidos con todo tipo de insumos para su higiene personal, práctica que con los años se perdió.  Con la alimentación sucedió parecido, de los primeros cursos hasta los años ´90 y primeros años del siglo XXI, las diferencias fueron bien notorias, por no decir que en el momento más crudo de la crisis económica, la cuestión alcanzó visos de escándalo por el hambre que se pasó.

La anécdota que narro a continuación sucedió en el IPUEC “Estados Unidos Mexicanos” (México era como usualmente se le decía). Un buen día, en la pared divisoria de la cuarta planta del dormitorio, entre el albergue de varones (V-3) y de hembras (H-5), apareció un pequeño hueco del que nadie supo su origen. Si fue hecho con taladro, con cincel o quién sabe cómo. Con el paso de los días el hueco era más popular, no más daban el de pie a las 6:00 A.M. y allí se agrupaban alumnos para espiar a las alumnas, algunos de ellos eran puntos fijos en la actividad.

 

Los preuniversitarios en el campo fueron una idea que cobró vida en los primeros años de la década de los ´70 del siglo XX. -havanatimes.com

El hueco también crecía por días. Ya no era tan pequeñito. Se podía calcular un diámetro superior al de una moneda y continuaba creciendo, parecía que la gente quería meter la cabeza.

Al final, las hembras eran las que miraban por el hueco. Resultaba gracioso escucharlas gritar:

  • ¡Mira a fulano encueros!- Y un coro de carcajadas terminaba la exclamación.

Autor: Maikel Mederos Fiallo

Escrito por | Redacción

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