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Un solar en Cuba, ese desconocido mundo de barrio

Un espacio que se repite en el imaginario popular cubano es el “solar habanero”. En libros, canciones, obras de teatro y películas abundan las referencias a este sitio. Aún hoy, se estima que el 50% de los hogares de La Habana Vieja están ubicados al interior de estas viviendas múltiples, a menudo muy pobladas.


Durante el cambio de siglo del XIX al XX, La Habana era una ciudad en franca expansión. Los más ricos, cuyas fortunas a menudo provenían de la industria azucarera, comenzaron a construir sus mansiones en “extramuros”, la zona que se extendía más allá de la antigua muralla.

Primero en el Cerro y luego en el Vedado, comenzaron a verse nuevas edificaciones de estilo neoclásico. Atrás quedaban desocupadas las grandes mansiones y palacios coloniales del centro histórico de la urbe, lo que hoy conocemos como Habana Vieja. En esos espacios, alquilados por sus dueños anteriores, se avecindaron numerosas personas pobres, venidas de provincias, inmigrantes humildes y antiguos esclavos. La necesidad de vivienda ocasionó que las viejas casas unifamiliares se convirtieran en edificios múltiples, en ocasiones con cuartos muy pequeños.

La palabra “solar” generalmente utilizada para designar terrenos baldíos, en la capital significa todo lo contrario

Muchos hogares en uno

Curiosamente, la palabra “solar” generalmente utilizada para designar terrenos baldíos, en la capital significa todo lo contrario: construcciones heterogéneas y con numerosos inquilinos. La mayoría tiene altos techos, varios pisos y enormes patios centrales alrededor de los cuales se organizaba la casa colonial.

Esas características originales permitieron que los amplios salones se subdividieran en numerosos cuartos y viviendas, llegando algunos solares a albergar a unas 50 familias.

Casi siempre las remodelaciones corren a cargo de los nuevos propietarios, quienes intuitivamente añaden elementos y soluciones arquitectónicas según sus necesidades domésticas, por lo que un solar puede llegar a verse como una suerte de laberinto con pequeñas escaleras y puentes que conectan las pequeñas habitaciones con cocinas, baños y salas de estar. Una visita debe hacerse con precaución porque no pocos están muy deteriorados constructivamente.

La mayoría tiene altos techos, varios pisos y enormes patios centrales alrededor de los cuales se organizaba la casa colonial.

Conociendo el solar

Estos sitios son propicios para entrar en contacto con el cubano más humilde, quien no por eso dejará de ser abierto y fraternal. Además, se sorprenderá de la variada composición de sus habitantes.

Si en un paseo por La Habana Vieja, Centro Habana o Diez de Octubre, entre otros barrios, ve un enorme portón de madera que da a la antesala de una regia aunque decadente mansión, por el que entran y salen disimiles personas, probablemente esté ante la entrada de un solar.

Una vez traspasado el umbral, a menudo adornado con grafitis sobre la cultura tradicional cubana o con imágenes de líderes guerrilleros como Che Guevara, Camilo Cienfuegos o Fidel Castro, es probable que en el patio central encuentre el típico bullicio y la algarabía de esta vida en comunidad. Las amas de casa tienden en los balconcitos la ropa recién lavada, los niños corretean entre los angostos pasillos, grupos de hombres de cualquier edad se enfrascan en largas competencias de dominó, típico juego de mesa.

La música llega de cualquier sitio. A altos decibeles escuchará lo mismo reggaetón, que salsa o la tradicional rumba, cuyos mejores cultores provienen de estos sitios donde la fiesta es asunto habitual. Por ejemplo en «La California» en calle Crespo, entre Sán Lázaro y Colón, nació y vivió Chano Pozo, percusionista cubano esencial para el surgimiento del latin jazz.

Casas «particulares» y «paladares» famosos en solares

Pareciera una vuelta circular de la historia: actualmente muchos solares tienen ocupados las primeras habitaciones de sus pisos inferiores con restaurantes, tiendas de regalos y puestos de ventas de artesanías, dándose un uso de servicio como cuando eran casonas coloniales.

También hay casas de renta ubicadas en estos sitios, algunas muy confortables como El Solar de Villegas, donde se oferta un departamento entero con dos dormitorios, sus baños y una terraza inmejorable para contemplar el centro de La Habana Vieja. Está muy cerca de la calle Obispo, el Parque Central, el bar Floridita y El Capitolio Nacional, y los anfitriones dan un trato muy profesional.

Una de las mejores paladares de Cuba está en un solar, el de la calle Concordia 418, entre Gervasio y Escobar en Centro Habana. Es La Guarida, sitio donde se filmó la famosa película cubana «Fresa y Chocolate». Aunque no es barata, la exquisitez de sus platos y la historia del local bien valen la visita. Recomiendo el ceviche y la paella, así como alguno de sus platos a base de mariscos.

La terraza del último piso es un sueño, y le cuento que allí tocó el piano el gran cantautor argentino Fito Páez. No es la única celebridad que ha comido allí, pues también lo hizo la Reina de España y Madonna, la reina del pop. Las sábanas blancas colgadas en los balcones dan un toque típicamente habanero.

Las amas de casa tienden en los balconcitos la ropa recién lavada y los niños corretean entre los angostos pasillos

Conocer la elegancia añeja y la espontaneidad de los solares

La versatilidad de espacios y la improvisación constructiva definen a los solares. Viéndolos de la calle uno piensa que fueron hechos para durar siglos sin modificaciones, pero al interior descubre un microcosmos cambiante y muy particular.

Aunque algunos tienen casi 200 años, se advierte aquí y allá vestigios de su antigua elegancia cuando eran palacios señoriales. Hace recordarlo las curvas escaleras de mármol, los preciosos motivos florales de las rejas de hierro forjado, los dibujos de arabescos en las losas del piso y algunas paredes que trazan mosaicos de inspiración árabe, las sólidas puertas de maderas preciosas, los luminosos y multicolores vitrales. Además, no hay lugar mejor para conocer la espontaneidad y familiaridad de los habitantes de esta urbe.

Escrito por | Redacción

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