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Trinidad, la desconocida capital del tejido artesanal cubano

Gran parte de la población de Trinidad ha prosperado gracias al turismo. Otros han encontrado una forma de buscarse la vida con el arte de las agujas que ha pasado entre los vecinos de la Ciudad Museo de generación en generación. Trinidad puede ser considerada con justicia, la “capital del tejido artesanal” en Cuba.


En Trinidad bordan hasta los hombres. Es un negocio familiar que no entiende de géneros y que llegó a la villa del centro de la Isla hace más de 500 años cuando los españoles se asentaron en el lugar. De ellos desciende la que hoy por hoy constituye una de las más grandes tradiciones de la ciudad: la randa.

Aunque en los primeros años la práctica del tejido fue un arte exclusivo de las señoritas de más alta condición social, pronto se popularizó entre todas las clases sociales y en fecha tan temprana como 1587 ya los comerciantes de la ciudad ofrecían entre sus mercancías los tejidos caseros que se producían en las casas de los trinitarios.

Trinidad puede ser considerada con justicia, la “capital del tejido artesanal” en Cuba.

Irónicamente la expansión de tan hermoso arte no se fraguó en el esplendor azucarero que convirtió a Trinidad en una de las poblaciones más prósperas de Cuba, sino en medio de la ruina que la asoló a partir de la mitad de la centuria decimonónica. La decadencia de la villa impulsó a sus pobladores a buscar nuevas formas de ganarse la vida y así los hilos y las agujas volvieron a ganar relevancia para garantizar la subsistencia de las familias.

Hoy los tejidos artesanales llenan con sus colores los bazares de uno de los emporios turísticos de Cuba y los viajeros se asombran ante la belleza de la randa. Cada pieza constituye una obra de arte única en la que se expresan no sólo la pericia, sino también la imaginación y los sueños de las tejedoras y tejedores de Trinidad.

Hoy los tejidos artesanales llenan con sus colores los bazares de uno de los emporios turísticos de Cuba

La puntada que más demandan los compradores es la trinitaria, que reproduce el aspecto de las antiguas rejas coloniales y que es una evolución de los primeros puntos que se practicaban en la villa.

De ellas viven muchas familias de Trinidad, pero el tejido en la villa es mucho más que una forma de ganar dinero, es una satisfacción espiritual que permite a los vecinos reencontrarse con sus raíces una y otra vez en cada puntada.

Escrito por | Redacción

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