El tranvía en Cuba, un transporte prendido a la nostalgia del ayer

El tranvía en Cuba, un transporte prendido a la nostalgia del ayer

Prendido en la nostalgia, como un juguete muy valioso de la niñez, está el tranvía. La palabra nos trae distintas resonancias de acuerdo con la edad que tengamos. Por ejemplo, para los habaneros muy mayorcitos, el tranvía está en un pasado que, como mínimo, tiene medio siglo.

El primer tranvía del Ferrocarril Urbano que circuló en La Habana era tirado por caballos y cubría una línea que iba de San Juan de Dios a Ciénaga. Su primer viaje lo realizó el primero de junio de 1862. En 1901, comenzaron a electrificarse las líneas existentes y se construyeron otras nuevas cuando se forma la Havana Electric Railway Company. Así, hasta 1902, aquellos tranvías que explotaban a las bestias se fueron sustituyendo por los eléctricos. El primero de ellos circuló el 22 de marzo de 1901. Popularmente, a los tranvías les decían “langostas” por los trolleys que los conectaban a la electricidad.

El comienzo del fin

Los tranvías habaneros comenzaron a desaparecer con la demolición de los elevados el 8 de marzo de 1941. Por dicha causa se cancelaron seis líneas que utilizaban esa vía –con la altura de un primer piso– y circulaba por la calle San Pedro, de Santa Clara a O´Reilly. El tranvía Príncipe-Muelle de Luz fue el último que atravesó los elevados.

Las fuentes dan diferentes versiones del último tranvía. Por una parte puede leerse que el último viaje lo realizó el número 388 Príncipe-Avenida del Puerto; y por otra, se dice que ese viaje final lo dio el 587 Cerro-San Juan de Dios, una línea que corría en la medianoche. El año: 1952.

En plena efervescencia de desaparición de los tranvías, la prensa de la época (Diario de La Marina, 2 de mayo de 1952) recoge una carta de petición al presidente Fulgencio Batista que dice lo siguiente: “Honorable Señor Presidente de la República, el ochenta por ciento de la población del Vedado, como lo demuestran las firmas acompañantes y también la mayor parte de los habaneros y especialmente las señoras, ven con pesar la desaparición de los tranvías eléctricos, como el mejor transporte, fresco, seguro, económico para el pueblo y el estado.

En los Estados Unidos no los han suprimido aunque hay transporte de todas clases. ¿Por qué en nuestra Habana con el calor y sus calles antiguas y estrechas tenemos que suprimirlos? Claro que están viejos y deteriorados, que hay que repararlos y sustituirlos por otros nuevos, pero por Dios, honorable señor, que no nos los quiten, especialmente las líneas del Vedado a La Habana, y el pueblo entero le estará eternamente agradecido.” Y vienen, a continuación, numerosas firmas.

Un adiós para no volver

La desaparición de los tranvías habaneros estuvo asentada en motivos económicos; o, más bien, en intereses financieros. Aunque se argumentaba que los tranvías originaban muchos accidentes, se dice que el gobernante en el poder recibió una enorme tajada para instaurar los ómnibus que sustituían a los muy ventilados medios de transporte.

Todavía, en la actualidad, es posible viajar en un tranvía, porque sobrevive el tren de Hershey, que en su recorrido entre Casablanca y Matanzas, no solo atraviesa el espacio entre ambas poblaciones, sino también el tiempo. El teatro “Alhambra” integró al tranvía en la memoria artística cubana con el estreno, el 17 de julio de 1901, de la obra “El tranvía eléctrico”.

Escrito por: Redacción - LD, usando información de: TodoCuba.
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