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¿Sabías que el turismo de cruceros entre Estados Unidos y Cuba comenzó hace 100 años?

El turismo de cruceros entre Estados Unidos y Cuba parece cosa del pasado reciente. Sin embargo, viene de antaño, de comienzos del siglo XX, cuando un cúmulo de circunstancias volcó sobre La Habana a los turistas norteamericanos.


La Ley Seca que en 1920 impuso en los Estados Unidos la absurda prohibición de empinar el codo atrajo a la Isla, llena de bares y bellas mujeres, a infinidad de turistas, especialmente en las temporadas invernales. Este movimiento llamó pronto la atención de las navieras y en 1925 la británica Curnard Line introdujo el servicio de cruceros entre La Habana y Nueva York con sus lujosos trasatlánticos Maueretania, Carmania, Carinthia y Caronia.

Particularmente la llegada del enorme Maueretania a la capital cubana fue un acontecimiento digno de recordar. El buque – gemelo del Lusitania, hundido por un submarino alemán durante la Primera Guerra Mundial – era uno de los buques más rápidos del mundo y el mayor barco de su tipo construido hasta el momento. Era tan grande que no pido atracar en ningún muelle y tuvo que fondear en la ensenada de Marimelena en las cercanías del poblado de Casablanca.

Los pasajeros tuvieron que ser transportados en lanchas al otro lado de la bahía y el comercio habanero decidió extender la hora del cierre hasta las 11:00 de la noche para poder atender a la gran cantidad de turistas del buque.

El resto impuesto por las navieras británicas llevó a las de capital cubano – español a tratar de introducirse en el mercado de los cruceros de lujo. La Ward Line sustituyó sus viejos barcos por dos cruceros modernos: los gemelos Oriente y Morro Castle con capacidad para 489 pasajeros y diseñados para satisfacer los gustos de los pasajeros más exigentes.

Los precios baratos que encontraban los turistas estadounidenses hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial y la comodidad de los cruceros convirtieron a la isla en el destino preferido de los estadounidenses fuera de sus fronteras.

En estos cruceros, además, no regía la Ley Seca, por lo que se podía estar de juega desde que se abordaba en el puerto norteamericano hasta que se desembarcaba en Cuba.

Escrito por | Redacción - AHP

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