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¿Sabías que Cuba tuvo el segundo automóvil del mundo equipado con televisión?

Que a los que viven en Cuba se les ocurren cosas increíbles está fuera de toda duda. Así ha sido, es y será siempre. Por eso no debe extrañar que en 1951, cuando aún la televisión estaba dando sus primeros pasos en la Isla, ya uno de esos ingenieros improvisados estaba inventando como equiparle un televisor a su carro americano.


Se llamaba Mike Alonso y era reportero de United Press en La Habana. Un año antes ya había sorprendido al inventar una antena de televisión que le permitía captar desde su casa en el poblado costero de Cojímar en las afueras de La Habana las señales de televisión que se emitían en Miami; algo que los “expertos” consideraban entonces físicamente “imposible”.

Cuando el inquieto corresponsal se enteró de que el industrial de Chicago, William Mc Donald se ufanaba de poseer el único automóvil del mundo capaz de captar señales de televisión, puso manos a la obra para estar en la última.

Aprovechando que en Cuba, a diferencia de Estados Unidos, no se había promulgado ninguna ley contra la instalación de receptores de televisión en los automóviles, Mike Alonso instaló el suyo en la parte delantera del auto a la derecha. Se trataba de un receptor marca Sparten con una pantalla de siete pulgadas.

La antena de tipo cónico se instaló sobre el maletero y la alimentación se logró con la instalación de un convertidor que llevaba la electricidad desde el acumulador del automóvil.

Mike Alonso logró que la señal de televisión en su automóvil fuera tan buena como la que se recibía en las casas de La Habana y que apenas perdiera calidad cuando se encontraba en movimiento por las calles de la ciudad.

Sin embargo, a pesar de que el alarde de destreza de Mike Alonso acumuló muchos curiosos alrededor de su automóvil en cada parada, su invento no se generalizó entre los cubanos. A la policía motorizada no le gusto la idea pues distraía la atención del conductor y, además, la gente no estaba entonces tan sobrada de dinero para andar comprando televisores, un lujo que llegaba a costar tanto como un carro de segunda mano.

Escrito por | Redacción - AHP

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