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¿Sabías que en Cuba hay un museo que exibe una momia cubana del siglo XIX?

Hasta la fecha se ha reportado en la Isla la existencia de ocho momias de diferentes orígenes, básicamente peruanas, egipcias y cubanas, pero ese número se puede poner en entredicho si se documentan nuevas características de cuerpos momificados en la geografía nacional. Actualmente existen momias en Sancti Spíritus, Santiago de Cuba, La Habana y Matanzas. Y las hay de varios tipos, como las que trajo Emilio Bacardí de sus viajes a Grecia y Egipto, o las peruanas, que llegaron a través de Antonio Núñez Jiménez. Sin embargo, hay una muy especial, cubanísima, diferente al resto de las que se conservan en el país, que obedece a una señora que fue embalsamada para que sus familiares pudieran despedirse de ella. ¿Su nombre? Josefa Petronila Margarita Ponce de León Heredero.


La dama nació en 1815 en Guanabacoa (cerca de La Habana) y falleció en 1872 en la capital cubana, aunque pasó gran parte de su vida en Matanzas. Su padre, José Ponce de León Fantoni, era de Algeciras; a su llegada a Cuba, a finales del XVIII, presentó en el cabildo habanero nota informativa de su «ilustre linaje» y acreditación de parentesco con jefazos de la Real Armada. Un hermanastro de Josefa, Juan Bautista, revitalizaría la influencia de la familia al convertirse en secretario y abogado de Isabel II y ser nombrado caballero de la orden de Isabel la Católica.

El cadáver relativamente bien conservado de la señora se descubrió por casualidad, durante una limpieza de nichos en el cementerio matancero, el 18 de junio de 1965. Según Ercilio Vento, el hallazgo conmocionó al personal. «Toda la ciudad pasó a ver el cuerpo en los días siguientes». Pese al revuelo, las autoridades decidieron dejar a la momia en paz en el mismo camposanto donde había aparecido. Hasta que, 15 años después, un perturbado mental profanó la tumba, robó la cabeza, se la llevó a casa y la emprendió a martillazos con ella. Un vecino vio y denunció el acto. El destrozo era importante.

En una vitrina del museo se exponen sangre y vísceras extraídas al cadáver

Ercilio Vento, destacado forense y hombre ya interesado por la antropología en general y por la momia autóctona en particular. «El administrador del cementerio me pidió que la llevara a casa, y acepté», explica. La buena predisposición personal y una encomiable curiosidad científica llevaron a Vento a lo que aquí llaman «sobrecumplir». El hombre no sólo construyó una caja especial para garantizar la conservación de la momia con una temperatura estable y un cierre hermético (caja que por limitaciones de espacio debió colocar en vertical). La dedicación de Ercilio a la momia fue motivo de dimes y diretes. Que si en su casa pasaban cosas raras; que si la momia dormía debajo o hasta encima de su cama… Pero en ningún momento de esos veinticinco años la presencia del cuerpo perturbó en absoluto su vida ni la de mi hijo (de 29 años) ni la de ninguna de sus esposas.

Lo que queda de Josefa se trasladó al museo de Matanzas en el 2005. En el primer mes recibió la visita de 70.000 personas. La privilegiada refrigeración de la momia cumple dos funciones: aleja a los hongos que podrían acabar con ella y, lo que no es desdeñable, compensa el desasosiego que el propio cadáver, la urna, la luz tenue y las cortinas malvas de la sala se apoderan del visitante.

 

Escrito por | Redacción

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