Río Hatiguanico: el sistema fluvial más importante de toda la Península de Zapata

Río Hatiguanico: el sistema fluvial más importante de toda la Península de Zapata

El río Hatiguanico nace de la tierra.Luego atraviesa el sistema de rocas calizas del manto freático para emerger desde un manantial de aguas transparentes. Quién se llegue al nacimiento del río dudará que desde ese orificio brote uno cuencas hidrográficas mejores conservadas.

Su conservación se debe en parte a lo apartado del lugar, ya que el asentamiento más cercano, Hato de Jicarita, queda a uno siete kilómetros. Además el acceso al río está controlado por el Cuerpo guardabosques.

El trabajo en conjunto de los especialistas del Parque Nacional, los guardabosques y los guías permite el monitoreo de los niveles de agua y salinidad, el estudio de las mareas, las corrientes o la presencia de plantas invasoras. A ello se suma una actividad turística sostenible.

La protección del río resulta primordial por su alto valor desde el punto de vista ecológico ya que más del 70 por ciento de las aguas que escurren en la ciénaga pasan por él para salir al mar.

Posee, además, con la mayor población de mangle rojo del Caribe insular. En el invierno sirve también de refugio a las aves migratorias. En sus áreas se puede hallar el cabrerito de la ciénaga, la gallinuela de Santo Tomás, ya que le río cuenta con canales que comunican con esos distantes lugares.Los aficionados a la observación de aves pueden apreciar hasta 18 aves endémicas que habitan la región.

Como aquel viejo axioma griego, el Hatiguanico corre eternamente pero no es el mismo de hace dos décadas. Aún se hallan jicoteas soleándose en el tronco de los mangles; se puede disfrutar los esbeltos palmares desafiando la blandura de los suelos; y el follaje del mangle rojo reviste la cuenca como hace cientos de años, pero algo ha cambiado irremediablemente.

“Este río era el reino de la biajaca criolla y los manjuaríes, pero cuando la claria se introdujo de manera accidental todo se transformó”, asegura Felipe. “En el pasado reciente las aguas eran trasparentes y las biajacas saltaban a flor de agua, amenizando un show mágico que extasiaba a los visitantes. En cuatro meses desaparecieron las biajacas, las ranas toros, los nenúfares, después toda la vegetación, los caracoles pequeños, los guajacones, las algas, la claria casi arrasa con la vida del río, mas este subsistir, porque la naturaleza es sabia y su adaptación a los cambios prodigiosa, unido al trabajo conservacionistas de los trabajadores.

Gracias al esfuerzo de los hombres que aquí laboran y el estrecho vínculo entre diferentes organismos se han liberado más de 700 ejemplares de manjuaríes, y el área recobra su vitalidad.

Aunque ya no se ven tantos manatíes como antes, se aprecia una revitalización de la especie con la observación de pequeñas crías, lo que habla de su reproducción.

La leyenda del tesoro del Hatiguanico aún permanece en el tiempo. Cuentan la leyenda que piratas se adentraron río adentro y ocultaron un botín. A siglos de distancia, entre la bruma que se funde entre lo irreal y lo verdadero todavía llegan buscadores del tesoro. Pero para Felipe el verdadero tesoro, el caudal inconmensurable, es el que brota eternamente desde las entrañas la ciénaga y mana silencioso hacia el mar, allí donde persiste la vitalidad del Hatiguanico.

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