Recuerdos de Varadero…

Recuerdos de Varadero…

Mi abuela me contaba que con solo dos meses de nacido visité por primera vez con mis familiares el balneario más hermoso de Cuba. La playa de Varadero en la Península de Hicacos. Es imposible tener un recuerdo palpable de aquella ocasión, pero la vida fue pródiga conmigo y durante muchos años, tuve la posibilidad o privilegio de visitar frecuentemente, la casa en Varadero, de una antigua vecina  que era como de la familia. ¡Cuántos recuerdos!

La casa se encontraba justo en la AVE 1ra y 62. Más señas, quedaba exactamente al frente de la quinta de Batista, denominada después villa u hotel “Cuatro Palmas” y colindaba a la izquierda, tras cruzar la calle, con la Clínica Internacional. La gente a veces confunde la casa de Batista con el parque retiro “Josone”, unas cuadras antes en la misma avenida, solo que en la 56. Otro día podemos contar la historia de esa casa, su nombre y sus antiguos dueños.

Volviendo a mis recuerdos. Supongo que aquella vivienda que visitaba y que era exacta en su diseño a otra casa del lado, convertida muchos años después en la “Casa del marisco”, eran residencias destinadas al personal de confianza de Batista, por lo menos mientras estuvo en el poder.

El lugar, por aquellos años ´70 y ´80 del siglo XX, tenía un encanto muy típico. No estaba saturado de todas las construcciones que existen hoy y que le dan una atmósfera de metal y concreto, que al menos a mí no me gusta. Yo vi cómo se construyó en la zona trasera de la vivienda, varias cuadras atrás, los hoteles “Siboney” y “Atabey”, con aquellas primeras construcciones tipo preuniversitario en el campo que después fueron demolidas para dar lugar a sendos hoteles más modernos. Viví la construcción del denominado “Centro Comercial”, con su red de tiendas de todo tipo y hasta piscinas.

Entrada a la famosa zona de la playa. -capitolhillcubans.com

La vida en Varadero era única. Mucha playa, sala de juegos en los hoteles, parque de diversiones, las delicias de Coppelia, las pizzas de Castel Novo, la comida de lujo en “Xanadú” en aquella época “Casa de las Américas”… Recuerdo salir caminando por la villa “Arenas Blancas” y seguir por la arena hasta el “Internacional” con su piscina, sus estatuas… Un detalle, para disfrutar Varadero de verdad había que tener carro. Afortunadamente mi familia disponía de un señor Chevrolet 56.

Fui muy afortunado. Tanto. Que ya después de mayor, cuando muchas cosas cambiaron, como por ejemplo, el fin de las visitas asiduas a Varadero, pude sentir que no era tan necesario volver, como decía aquel cartel que te despedía diciendo: “¡Hasta pronto Varadero!”

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