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Recordando a Silvia, la más famosa de las focas de Cuba

Si alguien pregunta por Silvia en Cuba lo primero que le viene a la cabeza al interrogado es la famosa foca que por muchos años fue la sensación del Acuario Nacional. Porque, aunque les disguste a las féminas que llevan ese nombre, en la mayor de las Antillas Silvia ha terminado por ser un sinónimo de foca.

La célebre Silvia llegó al Acuario Nacional en el exclusivo barrio de Miramar en el año 1974, casi un cuarto de siglos después de haberse inaugurado la instalación. Fue el primer lobo marino con que contó el centro y desde su llegada se convirtió en el principal atractivo del lugar.

Silvia no era en realidad una foca sino un lobo marino del Cabo (Arctocephalus pusillus), aunque “foca Silvia para aquí y foca Silvia para allá, se le quedó lo de foca.

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Recaló el acuario habanero luego de ser capturada accidentalmente por un barco de la flota pesquera cubana en aguas sudafricanas. Estos podían haberlo devuelta al mar, pero decidieron adoptarla como mascota, lo que no pareció molestarle al animal que, después de todo, estaba a sus anchas en un barco lleno de pescado.

De vuelta en Cuba, y para su decepción, las autoridades cubanas les informaron a los pescadores que de la única forma que Silvia entraría en Cuba era si la donaban al Acuario Nacional. Los pescadores accedieron y así la foca, que no era foca, terminó viviendo el resto de sus días en la aristocrática barriada de Miramar.

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La célebre Silvia llegó al Acuario Nacional en el exclusivo barrio de Miramar en el año 1974,

Allí se aclimató enseguida y fue amaestrada por los especialistas que montaron un espectáculo con ella que atrajo a enormes cantidades de público por muchos años.

La foca Silvia era inteligente y traviesa. En más de una ocasión se escapó de su estanque para visitar a sus cuidadores en las oficinas o asustar a los custodios en medio de la noche. Sin embargo, a pesar de tener todas las posibilidades para echarse al mar y partir con viento fresco nunca lo hizo.

Silvia gozaba literalmente el Acuario Nacional. Al ver a los niños que vitoreaban su nombre les respondía con piruetas y besos.

A su muerte, que fue muy sentida por los trabajadores del Acuario y el público que por años acudió a verla, fue embalsamada y hoy se exhibe en el Museo de Historia Natural.

Después han llegado al Acuario Nacional otros lobos marinos que han causado los deleites del público… pero ninguno como la foca Silvia, dicen los que tuvieron la dicha de conocerla. Es lo que tiene convertirse en leyenda.

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