El rascacielos habanero que sería el más alto y grande del mundo

El rascacielos habanero que sería el más alto y grande del mundo

El edificio monstruo, como se le llamo en un comienzo al proyecto, se construiría al estilo de esos que hoy se encuentran en las principales ciudades del mundo. Ese rascacielos se proyectó levantarlo en el Campo de Marte, por la zona donde hoy encontramos el Capitolio de La Habana.

Tendría una elevación de cien metros y sería construido completamente a prueba de fuego empleándose una estructura de acero y hormigón armado. El número de habitaciones sería fabuloso: mil novecientas, con todas las comodidades y amplitud apetecible. Con lavabos, agua corriente, luz eléctrica, teléfono para llamar a los sirvientes y vistas, directas de la calle o del patio interior.

Quince ascensores facilitarían el acceso a las habitaciones. Y junto a los ascensores, buzones y servicio automáticos de correo entre todos los vecinos. El sistema de ventilación se había estudiado con mucho cuidado. Los corredores serian anchos, las ventanas de grandes dimensiones y se colocarían vidrios en forma de diamantes en los corredores, entre las oficinas interiores y las exteriores, de manera que se obtuviera, no solo refracción de luz del exterior, sino también de arriba y de los costados.

Area donde se levantaría el edificio

Los habitantes de ese gran pueblo tendrían un verdadero paseo en su casa. Alrededor del edificio por las cuatro fachadas, todas iguales, un gran corredor de más de veinte pies de ancho, situado en el piso sexto y a unos treinta metros del nivel de la calle: perfectamente iluminado eléctricamente. Así mismo la azotea estaría profusamente iluminada.

En cuanto a decorado interior, nada dejaría que desear el palacio. Su arquitectura, su construcción, sería monolítica lo cual le daría un carácter imponente. En el último piso, a una altura de cien metros habría un parque de recreo absolutamente público, el cual se ambientaría haciendo la ilusión de que estaban en la planicie de una montaña por la que podrían entregarse a sus juegos favoritos los niños.

Tres pisos se destinarían a oficinas para señores letrados, habiendo en ellos, y común para todos, una completa biblioteca, así como sala de espera para los clientes, y cuartos reservados para consultas privadas. En la planta baja se establecerían agencias de transportes, oficinas de correos y telégrafos, cables, teléfonos públicos etc.

Imagen de la proyección del rascacielos

La “Compañía de Construcciones y Fomento”,  que fue la que solicitó los permisos para la edificación del palacio, ofrecería al Estado el espacio necesario para la instalación de un observatorio meteorológico. En este edificio habría un gran tanque de natación que tendría agua del mar. La limpieza del edificio se haría por el procedimiento del vacío, por medio de tuberías distribuidas en todos los departamentos del Palacio y donde se conectarían aparatos especiales que recogerían todo el polvo que pudiera existir.

El edificio monstruo proyectado en 1913 no llego a materializarse, aunque con el pasar del tiempo aquella utopía en las construcciones en la Habana está superada con creces y se conciben novedosas y atrevidas instalaciones. Nuestro primer rascacielos fue, en la década inicial del siglo XX, la Lonja del Comercio, el que causó sensación y escándalo con sus cinco pisos y sus elevadores, aunque el ascensor era ya un invento conocido en La Habana desde los finales del siglo 19.

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