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Necesidad obliga!!! Algunos de los curiosos inventos de los ingenieros caseros de Cuba (+ Fotos)

Ante las enormes carencias de todo y aguzados por la necesidad, los cubanos han desarrollado un sexto sentido para reconvertir casi cualquier objeto que llega al final de su vida útil en otro invento sirva para algo. Así, en Cuba, las antiguas centrífugas de las lavadoras Aurica se utilizan para confeccionar trituradoras de coco; los viejos motores de agua para impulsar bicicletas o construir máquinas para fabricar croquetas.


Farol de keroseno

Los cubanos comenzaron a convertirse en ingenieros caseros de forma masiva tras el triunfo de la Revolución de 1959. El abandono del país por parte de la fuerza técnica y, sobre todo, el cierre del mercado de Estados Unidos, de donde provenían casi todas las importaciones de Cuba, obligaron a los obreros a tener que innovar para crear piezas de repuesto e inventos criollos que permitieran seguir funcionando a las maquinarias de las fábricas.

Viejos motores de agua para impulsar bicicletas

Estos primeros inventores cubanos distaban mucho de ser ingenieros, pero habían pasado toda su vida al pie de las maquinarias, por lo que las entendían mejor que nadie. Las sustituciones que realizaron se fueron haciendo más frecuentes en la misma medida en que envejecían las máquinas. Al día de hoy muchas de ellas siguen funcionando, pero tienen en su composición más inventos criollos que piezas originales.

En sus casas también se acostumbraron estos humildes hombres a resolver los problemas de la cotidianeidad con el mismo ímpetu con el que innovaban en las fábricas. Cuando escaseaban los fósforos inventaban un encendedor eléctrico con un pomito de alcohol y un lapicero; si el gas faltaba fabricaban una hornilla con una resistencia y un bloque de siforé.

Cocina casera de Luzbrillante

Ya en la década de 1970 los trabajadores cubanos se habían convencido que, por más que doblaran el lomo en sus empresas e innovaran para que no se pararan las maquinarias las carencias de la vida cotidiana no se resolvían. Todo lo contrario, iban a peor. Entonces, como mecanismo de supervivencia, todas las familias comenzaron a guardar todos los objetos que llegaban a sus manos, porque todo “servía para algo”.

El otro objeto de necesidad emblemático es el ‘ventilador/teléfono’

Los 80 fueron mucho más sosegados, gracias a los intercambios del CAME que permitieron a los cubanos, por primera vez en más de 20 años acceder a cierta “prosperidad”. Para intentar aumentar la producción lo más rápido posible la industria se estandarizó y llegó un momento en que todos los hogares cubanos se parecían porque en todos había lo mismo.

Antena o decodificador de señal de radio que fue muy famosa en los 90. Le decían “canal 4”

La uniformidad favoreció el proceso de socialización de la inventiva, pues cuando a alguien se le ocurría algo ingenioso con algún tareco de los que tenía tirado por casa; su vecino, y todos desde San Antonio a Maisí, estaban en condiciones de copiárselo.

Antena de televisión con bandejas de comida

En Cuba los conceptos de reparación, refuncionalización y reinvención adquirieron una nueva dimensión. El primero ha logrado, contra toda lógica, inmortalizar los objetos y conservar sus funciones originales. En ese caso se encuentran, sobre todo, las maquinarias.

La refuncionalización, por su parte, permite el aprovechamiento de un objeto desechado, o una parte de este, en un contexto nuevo. Sobre todo se refuncionalizan objetos en el ámbito doméstico, donde los cubanos “evitan botar por gusto”.

Adornos con cristales de bombillas recicladas

Por último la reinvención es la unión de dos o más objetos con el objetivo de lograr uno nuevo que satisfaga determinadas necesidades.

Toda esta “desobediencia tecnológica” que reta la lógica sobre la que funciona el resto del mundo no tiene que ver con que los cubanos rechacen la sociedad de consumo, ni mucho menos. Se trata sólo de una forma de supervivencia ante un medio hostil, de adaptación para no sucumbir antes las carencias.

Escrito por | Redacción

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