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Los bicitaxis habaneros, el fascinante mundo del transporte alternativo la capital cubana

Al principio se aceptó como un remedio para tiempos de crisis, pero difícilmente La Habana pueda excluir de la fiesta por sus 500 años a sus pintorescos bicitaxis y sus infatigables pedalistas.


Los primeros bicitaxis, rústicos triciclos con asiento para dos pasajeros, armados con partes y piezas de bicicletas chinas, comenzaron a circular en los alrededores de la terminal de ferrocarril, en los linderos de La Habana Vieja.

Aparecían a la llegada de los trenes, como remedio milagroso para los viajeros, que se acomodaban en los frágiles vehículos cargados de maletas y paquetes, en una dura pero gratificante prueba de pedaleo para sus conductores.

Para quienes pretendían adentrarse en las callejuelas de la antigua ciudad colonial, los bicitaxis se tornaron irremplazables, en la medida que las líneas de ómnibus dejaron de entrar en el Centro Histórico y pocos autos circulaban entonces en la urbe capitalina.

Las tarifas se ajustaban en función de la distancia y poco a poco el trasiego de pasajeros en triciclos se volvió un lucrativo negocio, aún al costo para el conductor de un esfuerzo brutal y un elevado gasto de calorías.

La crisis de los noventa, provocada por la desaparición del campo socialista europeo encabezado por la URSS, y con ello la pérdida del principal mercado y casi única fuente de financiamiento, amenazaba con paralizar al país, por falta de combustible, partes y piezas.

Acostumbrados durante siglos a enfrentar huracanes, tempestades e inundaciones costeras, con la máxima de ”a mal tiempo, buena cara“, los habaneros asumieron el reto con espíritu deportivo.

La solución al dilema del transporte para ir al trabajo, al hospital, a visitar la familia o simplemente pasear por el Malecón, ahora sería sobre dos ruedas y a ritmo de pedal.

Un crédito chino permitió al país importar más de un millón de bicicletas, que se distribuían con facilidades de pago y muy pronto el Malecón –antes transitado por un vertiginoso ir y venir de automóviles- tuvo su ciclovía en ambas direcciones, que servían a miles de ciclistas.

Las ruedas y armazones de las famosas ”flying pigeon“ y ”forever bike“, reconocidas marcas de bicicletas chinas, proporcionaron abundante materia prima para la producción casera de bicitaxis, a los que se añadían asientos de ómnibus, timones de autos y hasta un sistema de sonido, servido por batería de automóvil.
Cada uno de estos vehículos de tres ruedas y tres asientos, incluyendo al conductor, es único e irrepetible.

Banderines de clubes de fútbol o la foto de Messi o Cristiano Ronaldo; pegatinas de marcas de cerveza, fotografías de lindas chicas, frases ingeniosas y todo lo imaginable, adorna a los singulares vehículos.

Ha habido comentaristas del acontecer cubano que los demeritan y hasta los ven como símbolos de decadencia, inhumana explotación por el propio conductor de su salud, en un afán de lucro; otros critican la presunta imagen servil de un hombre pedaleando mientras otro disfruta plácidamente del paisaje o el entorno urbano.

Puede ser, pero los bicitaxistas son gente especial, con una visión de la vida muy peculiar, que va de horas de abúlica espera por un cliente, hasta los felices momentos de comer a bordo una suculenta ”cajita“ con una ”completa“ de bistec, arroz con frijoles o congrí, plátanos fritos y una ensaladita, más una bebida refrescante.

Algunos son personajes de película. Por cierto, más de una bicitaxi y su chofer forman parte de la cinematografía cubana y de algún que otro documentalista foráneo. Y hay uno que tipifica a un personaje de una obra de teatro, recientemente estrenada, que sirve de contraparte a un paisano que llega ”de afuera“ y contrasta con él lo duro que es ganarse el pan en el extranjero, aunque sea él quien viaja en ese momento a bordo del triciclo, mientras el que ”lucha“ aquí dentro pedalea sin descanso.

Nadie se atreve a calcular cuántos bicitaxis circulan en el perímetro habanero permitido, pero son suficientes para enloquecer a los automovilistas, que a veces les lanzan improperios, mientras ellos conducen según sus reglas.

Tampoco es fácil predecir su entierro, a pesar de haber nacido de un período de especiales dificultades. Resulta difícil imaginar que los habaneros renuncien al oportuno transportista que lo mismo te lleva al teatro, que te hace la mudanza, el traslado del lechón de nochebuena, el cake de ”los 15 de la niña“ o lleva a la pareja de novios al Palacio de los Matrimonios. Todo eso está filmado.

¿Se imaginan un desfile de aniversario que rememore los 500 años de aventuras, venturas y desventuras de La Habana sin la presencia de sus temerarios bicitaxis?

Escrito por | Redacción - AHP

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