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La pequeña empresa funciona, pero emprendedores y Gobierno se enfrentan abiertamente en Cuba

Muchos palos no ha dado la vida… parecen decir los pequeños empresarios cubanos que, a pesar de haber conseguido su derecho a la existencia en la futura Carta Magna, continúan recelando del Gobierno de la Isla. Lo que, por demás, es muy lógico, porque el Gobierno de Cuba tampoco demuestra confianza en ellos.


Atelier es uno de esos negocios emergentes que demuestra cuánto ha ganado Cuba con la pequeña empresa o cuentapropismo. En la que fuera una mansión semiderruida de la etapa republicana se alza hace cinco años un lujoso restaurante que no sólo ha restaurado el inmueble de innegable valor patrimonial, sino que, además ha creado unos veinte empleos bien remunerados en un país donde el salario promedio es de unos 30.00 dólares mensuales.

Su propietaria soñaba con expandir su negocio, lo que hubiese sido bueno tanto para su bolsillo como para la maltrecha economía local. Sin embargo, las nuevas regulaciones dictadas por las autoridades cubanas le condenan a no crecer, a empantanarse en el éxito obtenido hasta el momento.

Casos similares hay centenares en la Isla, perjudicados por la escasa visión de futuro de quienes temen al enriquecimiento y la acumulación de la propiedad privada como el diablo a la cruz.

Una posición que no se entiende en los que dicen buscar la prosperidad del país, porque es la iniciativa privada la que ha hecho brotar desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí, hostales, talleres, cafeterías, restaurantes, gimnasios, boutiques y todo tipo de negocios en lugares donde por décadas el Estado cubano sólo había acumulado olvido y abandono.

El Gobierno de Cuba no demuestra confianza en los emprendedores cubanos

El Gobierno de Cuba ha hecho tabula rasa del éxito de la pequeña empresa y ha dicho “hasta aquí”, sentenciándolas a no poder crecer en el futuro y negándoles el derecho de asociarse para poder defender sus intereses.

Por si esto fuera poco tampoco se flexibilizaron los permisos actuales. Todo lo contrario se agrupó las licencias de forma tal que los que antes pagaban menos impuestos ahora se verán obligados a pagar más.

“La situación (del país) es de un bajo crecimiento, con una probable recesión, dependiente de Venezuela y los vínculos con Estados Unidos que no favorecen”, opina al respecto Pavel Vidal, un economista cubano e investigador de la Universidad Javeriana de Colombia, quien no encuentra lógica alguna en las decisiones tomadas por el Gobierno de Cuba.

Para el economista cubano los controles y las nuevas regulaciones del Gobierno de Cuba tienen sólo un sentido político, pues buscan evitar la prosperidad de los pequeños empresarios como única vía de enmascarar la incapacidad de las empresas estatales y públicas de mejorar la vida de sus trabajadores.

Estas nuevas regulaciones, que entrarán en vigor el próximo diciembre, establecen que sólo se permitirá a los pequeños empresarios poseer una licencia (antes no existían límites), los restaurantes no podrán exceder de las 50 sillas y los taxis sólo podrán trabajar en las rutas que se les indiquen; entre otras disposiciones que han provocado el malestar de los pequeños empresarios.

Aunque el éxito de la pequeña empresa no puede ser negado ni por el Gobierno cubano que no le tiene precisamente mucho cariño y en la actualidad da empleo a más de 600 000 personas, las autoridades de la Isla han cargado contra ella con violencia. Primero congelando sin previo aviso el otorgamiento de nuevos permisos en agosto de 2017 y ahora con estas nuevas regulaciones que les ponen el freno de mano.

Hace unas semanas se agrupó las licencias de forma tal que los que antes pagaban menos impuestos ahora se verán obligados a pagar más.

Las autoridades cubanas tomaron estas medidas – según se puede desprender de las contadas explicaciones que al respecto han ofrecido – para intentar poner freno al mercado negro y la corrupción; amén de tratar de limitar en lo posible el crecimiento de la desigualdad entre una parte de la población que podía obtener ingresos de miles de dólares mensuales por sus negocios y la otra (empleada en el sector público y estatal) cuyos sueldos se encuentran alrededor de los 30.00.

Desde entonces acá, los voceros oficiales se han dedicado a denigrar los pequeños negocios en sus discursos. Para ellos se trata de negocios de “bajo valor agregado” que no sirven a los planes globales de la economía de la Isla que se basan (y seguirán basando) en la empresa estatal socialista.

Lo que no mencionan en sus discursos es que la “empresa estatal socialista” es deficitaria, derrochadora, improductiva, mal dirigida, corrupta, no ha logrado elevar sus rendimientos en décadas y paga salarios miserables a sus trabajadores; mientras que los pequeños negocios privados crean funcionan bien y crean empleos bien remunerados que permiten elevar la calidad de vida de las familias cubanas.

Para Niuris Higueras, propietaria de Atelier, el Estado cubano se equivoca al enfrentar al sector privado: “Los servicios ayudan a la economía de un país, las pequeñas empresas también y así deberían vernos, como un recurso”, afirma.

 

Escrito por | Redacción - AHP

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