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La increíble historia del asalto al Royal Bank of Canada, el robo del siglo en Cuba que organizó un congresista hace 70 años

No todos suelen tomarse bien que un banco les niegue una prórroga. Sobre todo si el solicitante se dedica a la política y necesita la suma para seguir chupándoles las tetillas a Liborio. Eso fue lo que por las malas aprendieron el 11 de agosto de 1948 los gerentes del The Royal Bank of Canada, cuando un grupo de delincuentes, contratados por un congresista cubano muy molesto con el banco se robaron un carretón de dinero en el que la prensa de la época llamó el “robo del siglo en Cuba”.


El atraco lo organizó el representante a la Cámara, Armando Fernández Jorva, quien había sido alcalde de Güines y le debía un potosí al banco canadiense. Para ello contrató a cinco delincuentes muy conocidos y gatillos alegres: Avelino López, “el Panadero”; Jorge Nayor Nasser, “El Sirio”; Rolando Martínez Torres, “Tata el flaco”; Enrique Dobarganes Jorrín, “Guarina” y Jesús Rivero Prendes, “el chino Prendes”.

Llegaron al banco en un taxi chevrolet disfrazados de policía y ya dentro del banco encañonaron a empleados y clientes. Con mucha tranquilidad buscaron al gerente al que obligaron a abrir la bóveda. Tras cargar hasta el último peso se marcharon con viento fresco en el mismo automóvil en que habían llegado.

Tras el robo cada cual cogió su parte del botín y “si te he visto no me acuerdo”. Sin embargo, dos agentes de la policía secreta que hacía tiempo vigilaban a Guarina y al Panadero sospecharon que estos tenían algo que ver y mostraron sus fotos a los testigos quienes los reconocieron. Una huella dactilar confirmó la presencia de Guarina en The Royal Bank y toda las fuerzas del orden de la República se dieron a la tarea de cazar a los cacos.

Finalmente, el 23 de agosto, menos de dos semanas después del robo, fueron detenidos todos los atracadores y algunos cómplices.

Sólo algunos porque Armando Fernández Jorva hizo como si con él no fuera y siguió su vida normal, de la casa al Congreso y del Congreso a la casa… Hasta que la mujer del Panadero lo chivateo sensacionalmente a la prensa y lo culpó de ser el autor intelectual del robo.

Como a nadie le convenía un escándalo tan colosal (porque de que en el Congreso se robaba, se robaba… pero, a mano armada era otra cosa), las autoridades trataron de dejarlo fuera del escándalo, siempre que devolviera la parte del dinero robado que mantenía oculta.

Luego los atracadores se retractaron (dijeron que “el Sr. Jorva no, que todo había sido un invento”) y el parlamentario y su secretario particular quedaron en libertad.

Del dinero robado, que ascendió a 1 124 296 pesos apenas se recuperaron 250 000. El resto nunca apareció.

Escrito por | Redacción - AHP

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