La historia de un cubano que utiliza condones para elaborar un popular vino de La Habana

La historia de un cubano que utiliza condones para elaborar un popular vino de La Habana

Todocuba te presenta este interesante reportaje publicado por el prestigioso diario The Washington Post, esperamos que lo disfrutes:

El dulce olor de la fruta fermentada llena las calles alrededor de la modesta casa de La Habana donde Orestes Estévez y su familia llenan jarras de vidrio con uvas, jengibre e hibiscus y luego ponen un condón sobre cada cuello de vidrio para iniciar el inusual proceso de vinificación, en una tierra famosa por su ron y no por el vino.

Desde los orígenes como un patio ilegal, la bodega “El Canal” de Cuba se ha convertido en un negocio floreciente que anualmente produce miles de galones de vino con sabor a guayaba, berros y remolacha.

Estevez, de 65 años, los fabrica desde hace décadas. Después de una carrera en los servicios militares y de seguridad, legalizó su negocio y abrió una pequeña bodega en el año 2000, cuando Cuba dio los primeros pasos hacia la pequeña empresa privada.

Hoy en día, Estevez, su esposa, su hijo y un ayudante atienen 300 envases de cinco galones (20 litros) de vino cada uno. El ingrediente principal es la uva cubana, pero los sabores añadidos incluyen frutas tropicales y verduras prácticamente de todas las variedades.

La bodega se ha convertido en una atracción de barrio, los residentes de El Cerro se pueden ver a distintas horas sentads en las aceras bebiendo el vino fabricado por Estévez.

La visión más notable, sin embargo, son cientos de botellas tapadas con preservativos que se infla lentamente a medida que la mezcla afrutada fermenta y produce gases. Cuando la fermentación ha terminado y no hay más gases, el condón deja de inflar y cae, y el vino está listo para el embotellado.

“Poner un condón en una botella es como pornertelo tu como hombre”, dice Estevez. “Cuando se levanta, el vino está listo, y entonces el proceso se completa”.

En total, se tarda de un mes a 45 días para producir un frasco de vino. El producto de Estevez es embotellado y vendido para consumo en hogares y restaurantes, con ventas de un promedio de 50 botellas por día por 10 pesos (40 centavos) cada una. Es un placer accesible para los cubanos que ganan un promedio de $ 25 al mes y no pueden comprar vinos importados que son mucho más caros.

Gracias a’ embargo comercial de Estados Unidos ya las ineficiencias de la economía centralizada de Cuba, miles de productos son casi imposibles de encontrar en la isla. Eso obliga a los cubanos a conformarse con lo que tienen, y los condones como en este caso han tenido muchos nuevos usos.

Decenas de pescadores los inflan y los usan en el paseo marítimo de La Habana, o Malecón, donde los flotadores improvisados ​​llevan el cebo hacia el mar y aumentan su resistencia contra el arrastre de peces.

En el caso del negocio de Estévez y decenas de bodegas más pequeñas en Cuba, los condones son picados con una clavija una o dos veces para permitir la liberación lenta de gas y reemplazar las sofisticadas válvulas utilizadas para atrapar y liberar presión en operaciones de vinificación más avanzadas tecnológicamente.

Ángel García, un auditor estatal de 43 años, dijo que solía comprar vino casero de dudosa calidad a un conocido en el vecindario Vedado de La Habana, pero Estevez había ganado con su negocio.

“Me gusta venir aquí mucho”, dijo García. “Gano $ 16 al mes y no voy a gastarlo comprando vino de la tienda”.

Escrito por: Andrea Rodriguez en A 

 

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