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La curiosa historia de la primera bicicleta que llegó a Cuba

Los cubanos tienen su historia con la bicicleta. En la Isla siempre fue popular para la práctica del deporte o por simple recreación, hasta que la crisis económica de los 90 en la que casi desapareció por completo el transporte público obligó a moros y cristianos a aprender a montar si quería llegar a alguna parte. Fue la apoteosis de la bicicleta en Cuba.


Después han llegado tiempos más tranquilos, pero la bicicleta sigue siendo importante como forma de transporte en las zonas rurales o como negocio (bicitaxis) en las ciudades.

Pero, aún después de haberle dado tanto a los pedales, la mayoría de los cubanos sigue ignorando – no es que tengan tampoco por qué saberlo – que la primera bicicleta de la que se tienen referencias en la Isla desembarcó por el puerto de La Habana hace 133 años.

Fue el Sr. Claudio Graña, un comerciante español quien la importó. Este modelo era pesado como un elefante y la fuerza motriz estaba en la rueda delantera, nada menos que a la altura de una persona. De ahí que se paseara en ella con mucho fresquito, pero que los poco duchos en su manejo se pegaran los más soberanos trastazos.

Tanto revuelo y aceptación tuvo el artefacto que cinco años después, en 1885, las principales ciudades de Cuba, en especial La Habana, ya estaban llenas de bicicletas y se crearon los primeros clubes ciclísticos del país.

En 1889 se celebró la primera competencia oficial (¡que alguien le discuta al ciclismo ser uno de los deportes más viejos de Cuba!), una carrera de 100 millas que se disputó entre el 9 y el 12 diciembre entre las ciudades de Cienfuegos y La Habana. Carrera que clasifica entre las precursoras de las carreras por etapas que se disputan hoy.

Antes de que terminara el siglo ya se habían creado clubes de ciclismo en Cienfuegos, La Habana, Sagua la Grande, Güines y Matanzas… Pero esa es otra historia.

 

Escrito por | Redacción - AHP

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