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Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario, la joya arquitectónica de Cuba que tiene todos sus altares enchapados en oro de 22 quilates (+ Fotos)

En Santa María del Rosario, un pequeño poblado perteneciente al municipio Cotorro, al extremo sureste de La Habana, se erige uno de los más bellos templos religiosos del país: la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario, denominada por el Obispo de Espada y Landa, tras su inauguración en 1766, como «La Catedral de los campos de Cuba».

Reliquia del patrimonio cultural


La construcción, de cantera y teja, se efectuó en el sitio que antaño acogiera una pequeña capilla de madera con la imagen de Nuestra Señora del Rosario. La había mandado a levantar el Conde de Casa Bayona en una suave colina desde donde la virgen ciertamente divisaría los campos de Cuba y otorgaría sus bendiciones. A ella acudían fieles de todas partes, desde distancias considerables.

Vista del Altar Mayor de la Iglesia Nuestra Señora del Rosario

La obra se atribuye al arquitecto José Perera. La inició en 1760 y para 1810 fue reconstruida con mejores materiales. Como resultado, la iglesia constituye uno de los ejemplos más singulares del barroco criollo en la Isla, cuyos atributos la hicieron elevar al rango de catedral por el Cardenal cubano de entonces y a ser declarada Monumento Nacional por el Congreso de la República en 1946, una condición que fue ratificada en 1987 por la Comisión Nacional de Monumentos de la era revolucionaria.

Detalle de una de las capillas de la Iglesia Nuestra Señora del Rosario

Es, sin dudas, una de las mayores reliquias del patrimonio cultural y el monumento constructivo más importante en la demarcación del Cotorro. Incluso, varios afirman que la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario es una de las joyas arquitectónicas más hermosas de Cuba. Existen argumentos sobrados para esa aseveración.

Detalles de uno de los altares de la Iglesia Nuestra Señora del Rosario

Elementos arquitectónicos

Sobria, sin adornos excesivos, la fachada de piedras de cantera resalta frente al entorno por sus grandes proporciones y su única torre que hace la función de campanario. Desde el exterior, es casi imposible imaginar las sorpresas que atesora. Al internarnos en ella, quedamos maravillados.

«El estallido de oros, azules, flores, aureolas y arabescos del altar.»

Como magistralmente fue descrito hace casi 80 años por el escritor cubano Alejo Carpentier; Premio Cervantes, 1977; aún deslumbra. Algo similar sucede ante las columnas salomónicas recubiertas de oro en el altar mayor, con sus hojas de acanto entretejidas y sus guirnaldas barrocas.

Virgen sosteniendo a Jesus en la Iglesia Nuestra Señora del Rosario

La nave central, en forma de cruz, posee 55 metros de largo y 25 de ancho. Existen en ella once altares, casi todos de cedro que imitan el mármol, enchapados en oro de 22 quilates y bordeados de columnas delicadamente talladas que parecen finos encajes. El altar mayor posee 10 metros de ancho por 15 de alto, impresionante por sus grandes dimensiones. Los techos y las cúpulas están hechos de armaduras de madera tejida, en una variante muy particular del estilo colonial cubano. La amplitud, las técnicas empleadas y la calidad de los decorados, la reafirman como Catedral de los campos de Cuba.

Entre los tesoros de enorme valor que resguarda el templo, figuran las cuatro hermosas pechinas salidas de la mano y el intelecto del que está considerado como el pionero de la pintura cubana: José Nicolás de Escalera Tamariz (1734 – 1804). Son escenas al óleo en forma triangular, realizadas en gran formato con aproximadamente 4.30 metros de largo por cada lado, que se hallan ubicadas en el alfarje del crucero de la iglesia.

Detalles de uno de los altares de la Iglesia Nuestra Señora del Rosario

Abordan la temáticas religiosa y aristocrática, características de la producción artística criolla del siglo XVIII. Estas han sido catalogadas como piezas imprescindibles en la historia de la pintura cubana. Entre ellas se impone «Santo Domingo y la Noble Familia de Casa Bayona», lienzo que trasciende por ser el primero que contiene a un hombre de raza negra en primer plano, también como protagonista de una obra pictórica cubana dentro de un conjunto familiar de abolengo.

Los fondos de la institución cuentan, además, con obras del artista local Antonio Bach, una copia manuscrita de la Real Cédula con la firma del Rey Felipe V, y el libro del Becerro, documento más antiguo de la época colonial en el que se registraban principalmente las compras y ventas, poderes y escrituras de los primeros pobladores de Santa María del Rosario. Las catacumbas también se presentan como tesoros del recinto.

Plaza de la Iglesia Nuestra Señora del Rosario

Dos de los altares en la Iglesia Nuestra Señora del Rosario

La belleza del templo se engrandece con la relación de visitantes ilustres que han pasado por allí. Entre ellos, llaman la atención Alejo Carpentier, quien contrajo nupcias en la iglesia; el Doctor Tomás Romay Chacón, primer científico cubano graduado en medicina, quien fuera bautizado en ella, al igual que José María Chacón y Calvo, destacado erudito cubano quien fuera el sexto y último Conde de Casa Bayona. También llegaron a sus predios por diferentes razones el Obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, el Obispo de Espada, uno de los próceres de la independencia de Cuba, Ignacio Agramonte y más recientemente, en 1999, la Reina Sofía.

Escrito por | Redacción

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