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Diarelis Acosta, el cubano que come vidrio

Diarelis Acosta, quien vive en El Marabú, un barrio de San Juan y Martínez en Pinar del Río tiene una extraña afición: come vidrio. Cuentan que una vez lo llevaron al hospital y en cuanto llegó comenzó a masticar las ámpulas de las inyecciones para terror de las enfermeras que comenzaron a gritar como locas.

El “Comevidrio”, como todos lo llaman es completamente real. A los 14 años sufrió un accidente y se cayó de una mata de mangos. Cuando recobró el conocimiento había perdido la memoria, la visión del ojo izquierdo y casi toda la audición de ese mismo lado.

Tuvo que hacer fisioterapia por tres años y prácticamente volver a empezar a vivir, porque no conocía a nadie. Su familia decidió entonces que no regresara más a la escuela y logró colocarlo como mensajero en la bodega del barrio. De ahí pasó a trabajar en la Empresa de Servicios Comunales, a la que pertenece desde 1997.

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El “Comevidrio”, como todos lo llaman es completamente real

Sin embargo, su vocación nunca ha sido recoger basura. Ya a finales de la década de 1980 se presentó en la casa de la cultura del pueblo y pidió al director de un circo de aficionados que le consiguiera un trabajito. Fue entonces que decidió hacer lo que practicaba cuando estaba en la secundaria básica: romper botellas con la cabeza sin sufrir daños.

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El director quedó impresionado y Diarelis recorrió Pinar del Río, Artemisa y La Habana con el circo. Eventualmente incorporó al número de romper botellas con la cabeza el de comer vidrio. Fue feliz en el circo pero este se desintegró. Aún así, el Comevidrios todavía monta sus números con algunos grupos de teatro callejero y mantiene la vinculación con la casa de la cultura.

Diarelis siempre está dispuesto a demostrar sus “habilidades” a todo aquel que se lo pida, porque muchos piensan que todo se trata de un truco. Así que cuando les llevan cocos y tubos de luz fría para que coma, no duda en enseñar su arte y masticarlos.

El momento más importante de su vida fue el día que el periodista Reinaldo Taladrid lo invitó al programa Pasaje a lo Desconocido en una emisión dedicada al dolor. Se sintió tan realizado que sueña con poder un día armar su propio show, porque no sólo come vidrios y rompe botellas y cocos con la cabeza; también afirma ser payaso, mago y hasta “telépata”.

El Comevidrios todavía monta sus números con algunos grupos de teatro callejero y mantiene la vinculación con la casa de la cultura.

Sencillo como pocos, el Comevidrio de San Juan y Martínez no ha hecho nunca de sus raras habilidades una fuente de lucro. No cobra un centavo por sus actuaciones. Lo hace por amor al arte y porque disfruta con alegrar a la gente.

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