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Coches y Cocheros en La Habana una tradición con siglos de historia que sobrevive y le da un toque añejo a la capital cubana

Mucho antes de que La Habana se convirtiera en un museo viviente de autos de época, que sorprende a sus visitantes al ver las calles inundadas de vehículos Made in USA de la década de 1950, o incluso más antiguos, la ciudad colonial se sirvió de coches tirados por caballos.


Lo sorprendente -y agradable- es poder revivir hoy a bordo de un carruaje de estilo centenario aquella atmósfera de la villa fundacional, levantada a partir de 1519 en las márgenes de Puerto Carenas, nombre inicial del atracadero en la abrigada bahía habanera.

Los pasajeros que recorren al ritmo acompasado de los corceles las calles adoquinadas del Centro Histórico de La Habana y sus alrededores disfrutan además de las explicaciones y anécdotas que cuentan los cocheros, por lo general gente amable, conocedores de todos los rincones de esta urbe Patrimonio de la Humanidad.

Cuentan que el primero de los coches que penetró por la aduana habanera, procedente de París, venía destinado a un rico comerciante llamado José Alonso, quien dio inicio a una tradición de buen gusto, característica de los sectores ilustrados de la aristocracia criolla.

A pesar de los cambios y mejoras técnicas registradas en aquellos vehículo, las transformaciones mantuvieron el aprecio por el confort y el buen gusto de los cubanos, que hoy le consagran un espacio especial en el Palacio del Segundo Cabo, situado en la Plaza de Armas, donde se pueden obtener referencias e ilustraciones sobre los diversos tipos que circularon en Cuba.

En la actualidad, el visitante descubre en los alrededores del Capitolio habanero y del Parque Central las hileras de coches agrupados en una cooperativa administrada por los propios conductores, llamada El Carruaje, que poseeun centenar de vehículos.

Los cocheros ajustan el precio de los viajes con los pasajeros, según el destino y recorrido. Basta fijarse en la expresión de los rostros de los viajeros para ver reflejada la emoción de un paseo que se transforma en una excitante experiencia.

Las estrechas calles adoquinadas de la Habana, sus plazas y plazoletas –como la de la Catedral o la de la Iglesia del Ángel- rodeadas de los palacetes y residencias han servido de escenario para filmaciones de telenovelas y películas, donde coches, caballos y cocheros tienen un papel protagónico.

Una de las tiendas de modas más populares de la Habana Vieja, por sus vestidos y trajes confeccionados en tejidos de algodón y fino hilo, lleva el nombre de Quitrín, identificada con el espíritu de una época en la que este carruaje ligero de un solo eje tirado por caballos.

El quitrín es un coche similar al cabriolé pero con características adaptadas a las necesidades de Cuba, donde escaseaban las carreteras adecuadas para otro tipo de carruajes. Su diseño se deriva de otro carruaje muy similar, el volante o volanta que destacó en el siglo XVIII la belleza de las damas y la elegancia de los caballeros.

Conductores de automóviles clásicos descapotables estadounidenses, modernos autos de alquiler y bicitaxis compiten por clientes con los legendarios coches de caballos, que llevan como ventaja ser los primeros en desandar sus antiguas calles.

Escrito por | Redacción - AHP

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