Estatua del indio Cajío, mirando al mar como forma de desafío
El Cajío, un pueblito cubano de leyenda

El Cajío es una pequeña comunidad pesquera de la costa sur habanera con apenas 1200 habitantes. Fundado el 22 de noviembre de 1560 como “un corral habitado por españoles e indios”, según actas del cabildo de La Habana, Cajío ha construido su vida a partir de la pesca, la madera y el carbón, y cifrado su fe en la leyenda del mítico Indio Cajío. Un cacique de una tribu de pescadores del lugar, se casó con la hermosa Sibanacán y de esa unión nació Cají, quien con el tiempo resultó ser un joven generoso y valiente. De su preocupación sin límites por su pueblo relata la leyenda que, estando amenazados por el exterminio de la conquista y el hambre, Cají prometió a su padre bajar al fondo del mar para convencer a las deidades que allí habitaban de que liberaran a su tribu de aquel injusto castigo. Cají cumplió su palabra y, como parte del sacrificio, se convirtió en pez (el cají), que constituyó el manjar por excelencia de esa región.

Así fue representado en una escultura de cemento armado que preside la plazuela del pueblo. Según los vecinos, la obra fue creada especialmente para el lugar por el escultor Ricardo Lambarri. Hacia 1924, el alcalde Antonio Rodríguez impulsó un plan de explotación turística de la playa (altamente medicinal), y junto a la escultura levantó cabañas de veraneo, bares y pequeños hoteles de madera. Esta estatua marca la leyenda del pueblo se le ofrenda velas, flores, tabaco, ron, cigarrillos y pescado, entre otros; se le suele dar una vuelta en redondo para recibir su benéfica influencia; y a la muerte de algún habitante, los familiares pasean el féretro en hombros alrededor de la escultura. La sabiduría popular testifica que, si la imagen del indio es colocada de espaldas al mar o recibe alguna afrenta se rompe el equilibrio de las aguas, y el mar devora el poblado. Así sucedió hace apenas 13 años, el periódico El Habanero recogía en su edición del 10 de julio de 2004 que la estatua del indio amaneció pintada de gris. La sentencia de la leyenda estaba firmada, a solo un mes el pueblo fue atacado por el fuerte huracán Charley, el cual afectó el oeste de La Habana con categoría 3. Olas de cinco metros de altura sólo respetaron tres de las trescientas casas del pueblo (y, desde luego, la estatua del indio Cajío). No hubo pérdidas de vidas humanas. Por tanto, la imagen del aborigen fue colmada de flores, velas y cigarrillos.

Estatua del indio Cajío, mirando al mar como forma de desafío

 

Este mágico pueblo conserva tradiciones como la que se sigue para encontrar el cuerpo de un ahogado en la zona. La antigua costumbre indicaba que se debía echar al mar una tabla con una vela encendida y cuando el madero comenzaba a girar en círculos y la vela se apagara, ahí se hallaba el cadáver. Dos platos marcan la gastronomía de El Cajío el primero de ellos es el brisote. En las largas temporadas de pesca menguaban las provisiones y, al encontrarse en un cayo o en alguna embarcación, los pescadores elaboraban un brisote (brisa débil en el argot marino), en espera de vientos propicios. Aquí le dejamos la receta para su disfrute:

Ingredientes:

1 taza de frijol negro

1 taza de frijol blanco

1 taza de frijol colorado

1 taza de garbanzos

1 libra de pescado fresco

Aceite, sal, tomate, ajo, cebolla, ají y otras especias.

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Modo de preparación:

Se ablanda el grano independientemente. Se hierve el pescado, se limpia de espinas y se desmenuza. Se mezcla todo y se cocina a fuego lento; mientras se espesa, se fríen en aceite el ajo, la cebolla y el ají, y se le añaden otras especias al gusto, hasta que resulte un caldo espeso.

Esta estatua marca la leyenda del pueblo se le ofrenda velas, flores, tabaco, ron, cigarrillos y pescado, entre otros

El otro plato típico del lugar es el famoso manjar de la cocina popular llamado Pollo Cajío. Un inmigrante chino asentado en Cajío a inicios del siglo XX fundó un pequeño restaurante (en el mismo lugar donde hoy se encuentra la cafetería), cuyo plato principal fue el pollo Cajío. La receta se generalizó en las décadas del cincuenta y sesenta, pero hoy resulta una verdadera rareza de la cocina popular habanera.

Ingredientes:

1 pollo

1 libra de jamón

1 libra de queso

Aceite, tomate, especias y condimentos al gusto.

Modo de preparación:

El pollo debe deshuesarse minuciosamente. Utilizando con precisión el cuchillo, se logra conservar la forma, retirando los huesos y en su lugar colocar rollos de jamón y queso. Otra variante ha sido alargar la masa del pollo, rellenarla y enrollarla, logrando un cilindro más o menos uniforme. Se empana o rebosa, se fríe, se corta en lonjas y se sirve con una salsa de especias, aceite y tomate.

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