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Yoel, el “Delfín de la Ciénaga” que no se resignó a una vida de infortunios y llegó a campeón de natación

Desde antes de nacer toda parecía indicar que la vida de Yoel estaría marcada por la desgracia. Todavía en el vientre de su madre fue expuesto accidentalmente a las radiaciones de un aparato de rayos X en el policlínico de Playa Larga en la Ciénaga de Zapata, lo que le produjo una malformación en una de sus extremidades superiores.


Su parto se produjo a bordo del jeep en el que conducían a su madre al hospital, el mismo vehículo en el que 14 años después casi pierde la vida cuando viajaban de Playa Larga a Girón. Con semejantes señales debería haberse puesto a buen recaudo; pero en el carácter de Yoel, desde niño no estaba el ser un protegido de la lástima.

Mucho tuvo que ver su abuelo. A diferencia del resto de la familia que sentía compasión por él y lo compadecía, el viejo se empeñó en que su nieto creciera como un muchacho más: jugando pelota, pescando, trepando a las matas de mango, cazando en el monte… mataperreando como un cenaguero más. Jamás como un “tullido”.

Su mano malformada no fue nunca un freno para que Yoel demostrara su afición al agua y sus condiciones de buen nadador. Tanto que sus amigos comenzaron a llamarle “Flipper”, como el famoso delfín que se aburrió de hacer piruetas por décadas en la televisión cubana.

Su mano malformada no fue nunca un freno para que Yoel

El empuje de su abuelo fue imprescindible para que Yoel, “Flipper” o “El Manco” (como también le llamaban sin malicia alguna) creciera sin complejo alguno. El viejo se encargó también de enseñarle albañilería, abrir fosas, tumbar cocos. Le dio todas las herramientas para que se pudiera ganar la vida.

Desafortunadamente para él, muchas personas tienen la minusvalía en la cabeza y cada vez que ha intentado encontrar trabajo sólo se fijan en su pequeña extremidad malformada. Una losa demasiado pesada para un joven que desde pequeño chapeo, pinto fachadas, corto leña e hizo labores que otros hombres con dos brazos musculosos no sabrían hacer.

Parecía que la estrella de Yoel no brillaría nunca, cuando un día se apareció en la Ciénaga un hombre de más de seis pies y le preguntó si él era aquel al que llamaban “Delfín de la Ciénaga”. El fornido hombretón le apostó una caja de cerveza a que no le ganaba en 50 metros estilo libre. Perdió.

Sus amigos comenzaron a llamarle “Flipper”, como el famoso delfín que se aburrió de hacer piruetas por décadas en la televisión cubana.

El atrevido apostador era comisionado de natación para discapacitados y se lo llevó con él para que entrenara.

Desde entonces Yoel ha ganado varias medallas en los torneos en los que ha competido. Tiene reconocimiento como atleta discapacitado, pero no ha podido construir su casa. El apoyo de las autoridades es poco y debe costearse parte de los viajes, el alojamiento y los implementos cuando interviene en los eventos con lo que gana manejando su bicitaxi.

Por eso sueña con irse de la Ciénaga. Esa aislada zona lo convirtió en el hombre que es, pero ya no puede hacer más por él.

Fuente: El Toque

Escrito por | Redacción

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