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Rolando Arrojo, el pelotero cubano que hizo enfurecer a Fidel Castro

Rolando Arrojo era el lanzador número uno de Cuba cuando en 1996 decidió abandonar la selección nacional para jugar como profesional en Grandes Ligas. Cuando Fidel Castro se enteró de la “deserción” armó un berrinche tan grande que cuentan profirió todas la malas palabras que conocía y las que no.


El presidente cubano vivía obsesionado con el deporte. Era uno de los asideros políticos a los que gustaba de agarrarse ante la calamitosa situación económica del país y faltaban apenas nueve días el comienzo de los Juegos Olímpicos de Atlanta.

Sin embargo, lo que más enfureció a Fidel Castro fue que la deserción de Rolando Arrojo estuviera perfectamente coordinada con la salida ilegal de su familia de la Isla. Esto dejaba a las autoridades cubanas sin la posibilidad siquiera de tomar represalias, como ya había ocurrido con casos anteriores en los que habían confiscado casa, automóviles y otros bienes a los familiares de los “desertores”.

En un exabrupto poco habitual en él, durante el abanderamiento de la delegación cubana que participaría en Atlanta, Fidel Castro se refirió a Rolando Arrojo como “Judas” y lo acusó de traidor.

El 9 de julio, día en que decidió abandonar la delegación cubana, Arrojo se encontraba en Albany como parte de la avanzada de la delegación cubana. Apenas recibió la confirmación de su mujer y sus hijos habían escapado de Cuba, dejó el hotel y con ello desató las iras de Fidel Castro.

A los dos años debutó en Grandes Ligas con los Devil Rays de Tampa Bay. A pesar de que su novena era bastante mala logró ganar 14 juegos, un pasaporte para el Juego de las Estrellas y terminar segundo en la votación por el Novato del Año de la Liga Americana.

Desafortunadamente su paso por la Gran Carpa fue breve. Apenas jugó cuatro años (con los Tampa Bays, los Rockies y los Medias Rojas). Una discusión con la directiva de los Piratas de Pittsburgh provocó que abandonara el béisbol, cuando tenía sólo 33 años y se encontraba en gran forma. Una decisión que – a diferencia de haber abandonado Cuba – ha lamentado siempre.

Escrito por | Redacción - AHP

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