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Los peloteros del Maine, la olvidada historia de los deportistas que murieron en la explosión del acorazado estadounidense en La Habana

El Maine fue un buque de la Armada estadounidense cuyo hundimiento fue tomado como causa para la guerra hispano-estadounidense en la Cuba colonial. Era un acorazado de segunda clase de más de cien metros de eslora, veinte metros en su parte más ancha y con una tripulación de 364 hombres entre marinos y oficiales. Entre las víctimas de la explosión del famoso acorazado se hallaba un equipo de béisbol que había ganado el campeonato naval de la marina estadounidense.


El 15 de febrero de 1898, tras la explosión del buque, sólo quedó como testimonio de su equipo de beisbol una última fotografía, en la que sus integrantes miran serenos a la cámara.

La noche del 15 de febrero de 1898 fue que sucedió el trágico evento, a escasas semanas de su llegada a la capital cubana, en visita amistosa.

Aunque periodistas y funcionarios del gobierno estadounidenses esperaban anciosos a que hubiese algún hecho que justificara la guerra contra España, usando como pretexto un mal manejo del gobierno contra la población insular, en La Habana nadie podía tan siquiera imaginarse lo que ocurriría.

Ultima fotografía de los peloteros del Maine

Han existido muchas teorías sobre las posibles causas del estallido debajo de los camarotes de la tripulación, razón por la cual hubo tan alto número de víctimas, comenzando así el conflicto bélico entre los tres países: Cuba, España y los Estados Unidos.

Dentro de los cientos de fallecidos por la explosión estaba todo un equipo de béisbol; del cual William Lambert era el pítcher negro y el jugador más importante del equipo ya que era muy veloz,tenía una excelente curva y una gran control.

En esa época era impensable que en los juegos oficiales y de Grandes Ligas hubiesen jugadores de color y aún así este equipo, guiado por su pítcher, había resultado ganador. En un ambiente de confraternidad racial fueron los vencedores en el campeonato naval de pelota contra la marina americana.

Fue en Cayo Hueso donde se celebró el torneo, y justo ahí fue donde le ordenaron al acorazado que zarpara rumbo a la isla. Justo ahí quedaron los únicos dos sobrevivientes del equipo, la cabra que era la mascota y el jugador John H. Bloomer. Cuentan que media hora después de que se hiciera el toque reglamentado para que se apagaran las luces, sobre las nueve y diez de la noche, solo quedaría para la posteridad esa última fotografía que se tomara el equipo.

Quizás de no haber ocurrido la explosión el equipo de pelota que venía abordo del Maine hubiese podido jugar el partido de exhibición contra el equipo de los peloteros locales y de esta manera no hubiese existido la justificación para que los Estados Unidos comenzara la guerra contra España.

Escrito por: Redacción

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