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Armandito El Tintorero, el alma azul de los Industriales

Llama notablemente la atención que en un estadio como el Latinoamericano, que ha visto pasar una constelación de estrellas por su diamante, la única estatua existente no esté consagrada a un pelotero sino a un aficionado, Armando Luis Torres Torres, más conocido como Armandito el Tintorero. Este menudo hombrecillo se convirtió a fuerza de asistir día tras día al terreno, en las buenas y en las malas, en ícono del equipo Industriales y uno de los personajes típicos más entrañables de La Habana.


Nació en la capital del país el 27 de diciembre de 1939. Comenzó a asistir a los estadios en la década del 60 para animar al equipo Habana y no al de Industriales, que al final sería la novena de sus amores. Cuentan que sólo pudo cambiar la casaca y animar a los azules tras recibir la autorización de las autoridades deportivas de la provincia y los dirigentes del Partido Comunista de Cuba… cosas extrañas que sucedían en esos años.

Desde entonces, siempre con una escoba sobre el banco de tercera, Armandito El Tintorero animó a los peloteros de Industriales y desestabilizó a más de un contrario de pocos nervios. La banda gigante del Latinoamericano rugía a su llamado y hacía temblar al más pinto de la paloma.

Una de sus “víctimas” preferidas fue el estelar lanzador de Pinar del Río Pedro Luis Lazo. Al número 99 de Vueltabajo, Armandito le hizo de todo para sacarlo de paso. Sin embargo el gigante pinareño fue uno de los pocos que nunca sucumbió a su magia, pues de 35 veces que se encaramó en el box del Latino se apuntó 26 victorias.

Por supuesto que también animó al Cuba cada vez que jugó en La Habana y en algunas ocasiones se le facilitó trasladarse a otras provincias cuando el de las  cuatro letras se presentaba fuera de la capital. Al final, algunos se enojaron con él, pues lo terminaron viendo como un “fanático oficial”, al que incluso se le entregó un automóvil – lujo reservado a muy pocos en Cuba – para facilitar sus desplazamientos. Esta apreciación aumentó después de que en 1999 El Tintorero fuera escogido para viajar a Baltimore y animar a la selección nacional que jugaría con los Orioles.

Sin embargo, para la inmensa mayoría de los capitalinos continuó Armandito siendo un personaje querido. En sus últimos años y ya enfermo no dejó de asistir al estadio del Cerro y aupar a los Industriales con las fuerzas que le quedaban. Cuando ya no pudo hacerlo sobre el banco de tercera, se sentó en la grada junto a su banda gigante que le siguió fielmente hasta el final.

Falleció en La Habana el 26 de agosto de 2004 y su muerte fue muy sentida en toda Cuba; hasta por aquellos rivales de Industriales que durante algunos juegos lo hubiesen matado a batazos y quedado muy a gusto.

Como tributo de respeto los aficionados dejaron vacía por siempre la silla que ocupó durante los últimos años de su vida en la banda de tercera, en la que, tiempo después, se colocó una estatua suya a tamaño real para que por siempre siga animando a los Industriales… en las buenas y en la malas.

Escrito por | Redacción

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