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El punto guajiro, expresión musical del alma cubana

La reciente inscripción del punto cubano como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco solo confirmó internacionalmente algo que los cubanos conocen de sobras: que se trata de un género indispensable en el repertorio nacional.

El Comité Intergubernamental para la Protección y Salvaguardia del Patrimonio Inmaterial de ese organismo lo reconoció en diciembre de 2017 como un elemento esencial de la cultura inmaterial cubana ‘por su contribución a la promoción de la diversidad y el diálogo intercultural’.

No obstante, para los cubanos se trata de una expresión, aunque de origen campesino, ya instaurada en cualquier ámbito de la sociedad por su representación musical de lo cubano y su manera tan propia de comunicar.

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Así lo confirma la popularidad de espacios como Palmas y Cañas, en la televisión nacional desde hace más de 70 años o los programas radiales dedicados a este género en emisoras de toda la isla.

Establecido con fuerza en la provincia de Sancti Spíritus y otras del occidente, centro y oriente de la isla, el punto se considera una forma única de comunicación cuya su génesis se relaciona al trabajo ganadero, como resultado de las canciones de trabajo propias de esa actividad.

‘Desde el siglo XVII ha sobrevivido con sus variantes en los diferentes territorios: punto espirituano, vueltabajero, en clave, de seguidilla, etc., pero siempre ligado con el desarrollo de la sociedad’, asegura Bernal.

Transmitido desde entonces de generación en generación, el punto guajiro es una expresión poética y musical de los campesinos cubanos consistente en una tonada o melodía acompañada por una voz que interpreta rimas en décimas, improvisadas o aprendidas.

Entre otras exigencias, su interpretación requiere respetar los versos octosílabo, la rima consonante, la lógica, la afinación, así como el acompañamiento musical con una guitarra, un tres o un laúd.

La confirmación de la Unesco reconoce justamente -como anteriormente hiciera con la rumba y la tumba francesa- a este símbolo musical de cubanía como elemento esencial del patrimonio cultural de la mayor de las Antillas y expresiones intangibles de la nacionalidad.

EL PUNTO SIGUE SIENDO EL PUNTO

Musicalmente considerado como un género cantable del ámbito campesino de raíz hispánica, las tonadas tomaron elementos de la música andaluza llegada a Cuba con los migrantes canarios que luego se mezclaron con la cultura de los esclavos africanos.

Al igual que otras tantas tradiciones artísticas en la isla, de esta forma surgió el ritmo criollo conocido hoy como punto guajiro, que tomó fuerza en las regiones occidentales y centrales de Cuba en el siglo XVII y se consolidó como género en el XVIII.

Con la décima (composiciones de 10 versos) y la cuarteta, como base para su creación, esta tradición se enriqueció de ritmos nacidos en la isla como la guaracha y el son, tomando de este último el estribillo.

Su interpretación tiene por escenario el guateque, fiesta popular del campo cubano, con instrumentos como la guitarra, tres, laúd, clave, güiro o guayo y con la interpretación de poetas capaces de lograr estrofas con un altísimo nivel poético, asegura la periodista Yunet López.

‘Como derivación natural de un canto de trabajo, el punto toma carácter lúdico, de fiesta; se convierte en la vida del guateque’, asegura Juan Eduardo Bernal.

Lo más atractivo de estos eventos es, sin duda, la controversia, una especie de duelo cantado entre dos personas, que improvisan los textos (repentismo) y que generalmente termina con una reconciliación.

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Con la llegada de los medios de comunicación, el género tomó fuerza y para la década de 1940-1950 su popularidad en la radio y la televisión alcanzó toda la isla, considerada la Edad de Oro del punto guajiro.

Por otro lado, gracias a las grabaciones discográficas, en el propio siglo XX comienzan a identificarse con sus nombres intérpretes como Martín Silveira, Miguel Puertas Salgado, Juan Pagés, Horacio Martínez, y otros.

Dos de los repentistas cubanos más famosos fueron Justo Vega e Idelfonso Alfonso, quienes durante más de tres décadas divirtieron a los televidentes del programa televisivo Palmas y Cañas -todavía al aire-, con sus ingeniosas y ocurrentes controversias.

Otros poetas establecieron peñas de trovadores, donde se realizaron también famosas intervenciones en dúo que por lo incidental no se grabaron, pero algunas sí se publicaron, indica el portal educativo Ecured.

La más famosa de éstas fue una realizada por el mejor poeta campesino del siglo XX, Premio Nacional de Literatura, Jesús Orta Ruiz, conocido como el Indio Naborí, y otro gran competidor, Angel Valiente.

A decir de Bernal, junto con su popularidad y durante los años siguientes, el punto continúa gozando de respeto.

‘Los músicos jóvenes en Cuba continúan trabajando sobre la base de su ritmo y tratan de experimentar con una sonoridad que le permita ser fieles a un contexto y al futuro que se avecina’.

UNA EXPRESIÓN DEL ALMA CUBANA

En la central ciudad de Santi Spíritus y en poblados como Arroyo Blanco y Jatibonico, pertenecientes al municipio de igual nombre, o Trinidad esta tradición guajira viene determinada por un canto a dos voces en un metro fijo.

Según explican las investigaciones desarrolladas aquí, resulta difícil explicar por qué precisamente en estos territorios de la provincia espirituana, el género adoptó esta forma, pero sin duda el fenómeno llegó con el desarrollo de la actividad ganadera.

Las particularidades del poblamiento y los sujetos culturales que estuvieron habitando esos lugares, así como los diferentes asentamientos geográficos le fueron ofreciendo al punto una manera diferente de manifestarse, agrega Bernal.

El punto espirituano posee una melodía que se mueve generalmente por notas terceras y sextas aunque no se excluye el uso de cuartas y quintas y su más conocido ejemplo es la tonada Palmarito, cuyos acordes han sido representada por centenares de músicos cubanos durante décadas.

Pero más allá de sus características distintivas, en esta región al igual que en toda la isla el valor del punto radica en el intercambio y en el sentido de improvisación que goza.

Representa una de esas manifestaciones misteriosas, sostenidas por el espíritu de cubanía que transmiten las notas y la algarabía de sus controversias, distintivo del alma musical cubana.

Según Bernal, su trascendencia hasta estos días se debe a la fortaleza que tuvo como expresión del alma, de lo auténticamente espiritual, muchas veces alejado de fórmulas que no lo favorecían.

‘¿Cómo se pudo mantener? Porque afirmó sencillamente un sentimiento nacional. El cubano dijo esto es lo mío y se fue con ello y siguió avanzando con sus canciones y sus versos y su manera de ser, asegurando presente y futuro’, concluye.

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