fbpx
ISA

La retreta, la hermosa tradición musical con más de dos siglos de existencia que hemos perdido los habaneros

En las tardes de los viernes, en Cuba, una orquesta sinfónica ejecuta un concierto frente al Palacio de los Capitanes Generales, en la Plaza de Armas, hermosa costumbre que recuerda una tradición instalada en La Habana dos siglos atrás, aunque aquella era en la noche: la retreta.


En ese entonces hace dos siglos atrás, a la caída de la tarde, comenzaban los paseos en La Habana.

Hombres y mujeres recorrían el Paseo de Isabel II (uno de los numerosos nombres que ha tomado el Paseo del Prado) para tomar la brisa o acogerse al amparo de sus frondosos árboles.

Palacio de Gobierno. FUENTE: Dibujo de Samuel Hazard

Algunos recorrían la ruta llevados por volantas y quitrines, mientras otros preferían la caminata.

Era el tiempo que precedía a un rito que los hacía tomar por la calle del Obispo, o por O´Reilly, u otras de las paralelas, para converger un poco antes de las ocho en la Plaza de Armas, el sitio más concurrido a esa hora en la ciudad porque todas las noches una de las bandas militares de la guarnición ofrecía un concierto.

Antes de su comienzo, los carruajes que transportaban a las damas daban vueltas alrededor de la plaza para llamar la atención de los galanes, mientras los caballeros las observaban, o las cortejaban cuando se detenían los caballos o cuando bajaban las féminas de los coches para el paseo que antecedía al concierto.

Las mujeres paseadas en carruajes. FUENTE: Dibujo de Samuel Hazard

Para ese entonces, el piquete de un regimiento, compuesto de un sargento y varios soldados, seguidos de una banda de música, había marchado a través del parque y permanecía estacionada en actitud de descanso hasta que un redoble de tambor daba la señal de atención en espera del cañonazo del Morro, a las ocho en punto.

Para esa hora ya una buena parte de los asistentes se había acomodado en las sillas que situaban muy cerca de la banda.

Inmediatamente comenzaba el concierto, al tiempo que la guardia asumía la posición de “firmes” durante la ejecución de las piezas – fragmentos de óperas, generalmente- y de “descanso” en los intervalos musicales.

A las nueve, las cornetas y tambores de los cuarteles tocaban “a retreta” y la banda con la guardia marchaban para situarse frente a la puerta del palacio.

Allí ofrecían la última pieza, especialmente dedicada al capitán general.

Terminado el concierto, la tropa se dirigía a su cuartel mientras tocaba una marcha alegre.

La retreta ha terminado, pero la vida continúa ahora en otros sitios.

Los cafés al aire libre reciben a los paseantes para degustar helados, refrescos y licores si es verano, o tal vez café o chocolate, si no hay calor.

Esta era una forma distinguida y diferente de pasar la noche en Cuba.

Todo lo que involucraba asistir a una noche de retreta era único y sensacional, los carruajes que paseaban a las mujeres, los militares y sus uniformes, las luces que hacían notar su presencia en el espectáculo, las diferentes personas que engalanaban con su presencia; todo contribuía a que esta fuera una noche agradable y recordada.

Este era uno de los acontecimientos que sucedían en Cuba para la época, honrado y reconocido a través de la historia, con perfecto detalle para ser recordado por las diferentes generaciones que la puedan y quieran conocer.

Escrito por | Redacción

Fuente: José Antonio Michelena

Patrocinado por: Pacotillas - Envíos a Cuba