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La reina del guaguancó

Celeste Mendoza nació un 6 de abril en el barrio Los Hoyos, provincia Santiago de Cuba. Sin duda el calor, la rebeldía, la gracia y la fortaleza del propio Santiago se arraigaron profundamente en Celeste, porque esta mujer era toda carisma y temperamento.


A la temprana edad de 13 años, en 1943, su familia se traslada a La Habana y es en esta ciudad donde logra ganar en un programa radial que le abriría la puerta al mundo artístico. Para 1950 era bien conocida como cantante y bailarina en los clubes de la zona playera de Marianao y también en el teatro Martí.

Alcanzó la fama con tan solo 21 años, cuando pasó a formar del cuerpo de baile de Tropicana, balo la dirección del gran Roderico Neyra (Rodney), y además integró un cuarteto con Omara Portuondo, Isaura Mendoza y Gladys León. En el 1953 llega a la televisión, en el programa “Esta Noche” y fue pionera en la interpretación del bolero ranchera.

La Mendoza compartió escena con las más grandes figuras nacionales e internacionales que se escuchaban por allá por los años 60, y así cantara con Edith Piaff, Benny Moré, Carmen Miranda, Pedro Infante, Josephine Baker o Blanca Rosa Gil al ritmo de mambo, guaracha, bolero o chachachá ella siempre lograba ponerle a todo la gracia y la sensualidad del guaguancó, de su guaguancó.

Esta mujer temperamental e impredecible como el viento brilló de todas las maneras posibles, muchos dicen que gracias a ella el guaguancó salió de los solares habaneros a deleitar los más grandes escenarios de Cuba y el mundo.

La gracia de Celeste llegó también al mundo audiovisual, aparece en la película “Nosotros la música” de Rogelio París y el ICAIC le dedicó no uno, sino cuatro documentales.

Pero la estrella de Celeste se apagó, incluso estando ella en vida, solo le quedaron los recuerdos de la fama antigua y una infinita soledad, con la que no supo lidiar. Buscó compañía en el alcohol y con frecuencia daba rienda suelta a su carácter temerario, solo las que la conocían bien sabían que intentaba esconder su profundo temor al abandono.

En el año 1998 recibe un Premio Cubadisco, junto a Los Papines, pero ni siquiera este atisbo del fantasma de su fama pudo salvar a Celeste que el 16 de noviembre de ese mismo año cantó para sí misma su última rumba.

Escrito por | Redacción

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