Tradiciones cubanas: Majagua, donde el arte campesino cubano se viste de Rojo y Azul

Majagua, municipio de la central provincia de Ciego de Ávila, se viste de rojo y azul como cada noviembre, cuando celebra la fiesta campesina más representativa de la cultura cubana.

Los habitantes de la localidad, divididos en dos barrios, efectúan el tradicional encuentro entre los bandos Rojo y Azul, festejo de trascendencia en el país por dedicarse a resaltar los bailes, la música y las costumbres campesinas.

En un enfrentamiento simbólico muestran lo mejor del folclor de los guajiros cubanos al conjugar danza, baile, música, parranda, lenguaje y literatura oral, con espectacular encanto.

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Mientras dura la fiesta se desarrollan juegos de pelota, controversias campesinas, y encuentros de cultivadores de la décima y treseros.

También tienen lugar el festival de la parranda y otras actividades que atraen a cultivadores de estos géneros, quienes arriban desde varias provincias de Cuba.

En cada bando una esbelta muchacha, de cabello largo y negro, vestida con la bandera personifica a Cuba y es quien simboliza los valores de la sociedad; mientras, un joven con guayabera y sombrero de guano representa a Liborio, insignia del pueblo dispuesto a defender la patria.

Es un espectáculo singular donde se recrean elementos culturales de origen hispánico.

Hombres y mujeres en dependencia del distrito al cual pertenecen, protagonizan el zapateo, con características propias de la zona, y los ritmos conocidos como La Karinga, El Zumbantorio, El Gavilán, La Chismosa, La Polka y El Papalote, Anda Pepe y Doña Joaquina.

El Festival de la Parranda tiene la peculiaridad desde 1963 que el poeta dice la décima ya elaborada, no la improvisa, para lo cual mezclan los puntos camagüeyano y espirituano, y logran que sus cantos se ajusten al ritmo de la música.

Las tonadas son acompañadas por instrumentos musicales como el tres, claves, maracas, güiro, marímbola, bongó, acordeón y el típico machete, que le dan el toque característico a la música guajira.

La Fiesta ha tenido altas y bajas a lo largo del siglo XX y estuvo a punto de desaparecer en varias ocasiones.

En secreto preparan las fiestas y según el color preferido salen al rescate de las costumbres del campo para llevarlas a escena durante la semana de la cultura majagüense, para el disfrute y conocimiento también de las nuevas generaciones.

Durante la celebración cada rincón de Majagua exhibe el color de preferencia de la familia o persona en particular, en banderas, globos y cintas en los sombreros.

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Los vecinos identifican sus viviendas mediante letreros azules o rojos, que confirman la pertenencia a uno u otro grupo, aunque en una misma familia no todos pueden coincidir en la elección.

El surgimiento de estos festejos se remonta a la década de 1920, cuando los habitantes de la clase adinerada se reunían los domingos para realizar juegos de béisbol entre dos equipos denominados Rojo y Azul.

Cada año, los majagüenses esperan con júbilo la celebración que esta vez tendrá lugar entre 23 y 27 de noviembre

Tiempo después Pedro García, vecino acomodado y amante del punto de parranda, tomó la iniciativa de crear dos bandos entre los pobladores para organizar bailes, y poco a poco cada quien se fue identificando con uno u otro. Las fiestas majagüenses tienen la particularidad de que las costumbres y hábitos de inmigrantes chinos y canarios asentados en la zona se fundieran con las tradiciones campesinas de la región, y así dar un toque muy particular y distintivo si se compara con otras similares en el país.

En un principio a los jolgorios sólo asistían personas de mayor reconocimiento social, cuyas mujeres vestían trajes largos, cada una con su flor en el cabello, collares y pulsas elaboradas con semillas de plantas silvestres, mientras los hombres lucían sus guayaberas, polainas, sombrero de guano, machete al cinto y pañuelo atado al cuello.

Luego de un largo período de suspensión, en 1966 Ángel Morán, instructor de arte recién graduado, se propuso rescatar los bailes y la música campesina, y creó el Conjunto Artístico XX Aniversario, principal anfitrión del encuentro, ahora festejo popular.

La agrupación pertenece al Movimiento de Artistas Aficionados, y recientemente recibió el Premio Nacional de Cultura Comunitaria 2018, por su aporte a la identidad cubana y defender la danza tradicional campesina.

Dentro de una misma familia hay miembros del bando rojo y del azul pero la separación es solo momentánea y con un fuerte cariz cultural

Hoy en cada guateque están representados el bohío, el cerdo asado en púa, las peleas de gallos, los taburetes, los caballos, el pilón y el buen café, principales atributos y costumbres de los campos cubanos.

Don Pepe, principal protagonista del barrio Azul, es el guajiro alegre, chispeante y buen bailador, mientras que Doña Joaquina, por el Rojo, representa a la mujer generosa que también disfruta de las parrandas.

Los dos personajes protagonizan una fraternal rivalidad danzaria y musical que, con el tiempo, se ha convertido en una vía para rescatar elementos folclóricos.

Actualmente en Cuba sobresale como la fiesta popular de mayor prestigio en el género campesino, además, con la característica de que es competitiva, pues un prestigioso jurado evalúa y selecciona al bando ganador.

Majagua, distante a unos 30 kilómetros al oeste de la ciudad de Ciego de Ávila, es un municipio reconocido por sus encuentros entre los bandos Rojo y Azul, espacio que cada año le da vida a las costumbres, bailes y cantos autóctonos de la campiña cubana.

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