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Carlos, mal nombre para un político cubano
Collage TodoCuba

Carlos: un nombre fatal para un político cubano

El nombre Carlos es de origen alemán y significa «hombre libre», aunque algunos le atribuyen el significado de «poderoso». Es un nombre muy popular y muchos monarcas y dignatarios lo han llevado. Pero Carlos parece ser un nombre que atrae la mala suerte, si de un político cubano se trata. La propia historia con sus hechos se ha encargado de demostrarlo.


Ningún presidente cubano con ese nombre pudo concluir felizmente su mandato. Carlos Manuel de Céspedes, nombrado Presidente de la República en Armas, fue destituido por la Cámara de Representantes en 1973.  El hijo del prócer, Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, sucumbió al golpe de sargentos y soldados del 4 de septiembre de 1933. Carlos Hevia solo pudo ostentar el cargo algunas horas, hasta que se vio obligado a renunciar en favor de Carlos Mendieta, quien apenas se desempeñó en el ejercicio del poder hasta diciembre de 1935. Años más tarde, en 1952, Carlos Prío Socarrás fue víctima del golpe de Estado que llevó al poder nuevamente a Batista. 

Carlos no es buen nombre para un político cubano

Otros candidatos a la presidencia con el nombre de Carlos, se quedaron también con las ganas de llegar al Palacio Presidencial. Es el caso, en 1936, de Carlos Manuel de la Cruz. Carlos Saladrigas resultó perdedor de las elecciones de 1944. Carlos Márquez Sterling fue derrotado en los comicios de 1958. Otro ejemplo fue el de Carlos Manuel Piedra Piedra, quien al huir Batista, como magistrado más antiguo del Tribunal Supremo, le correspondía asumir la presidencia, en la que solo duró unas horas.

Carlos Lage, Carlos Aldana y Carlos Manuel Valenciaga, todos llevan un nombre fatal para un político cubano.
Carlos Lage, Carlos Aldana y Carlos Manuel Valenciaga. Fuente: Collage TodoCuba.

Esta racha de mala suerte parece seguir vigente. En tiempos de revolución, varios altos funcionarios con el nombre Carlos tampoco han concluido bien el desempeño de sus cargos. Es el caso de Carlos Aldana (ideológo del PCC) y más recientemente, Carlos Lage Dávila (uno de los vicepresidentes del Consejo de Estados y Ministros) y Carlos Manuel Valenciaga Díaz (secretario de despacho del Consejo de Estado).

Así pues, a todo el que se llame Carlos y tenga aspiraciones de ser político en Cuba, se le recomienda que, dados los antecedentes expuestos, se lo piense bien. No deja de ser factible que hasta se cambie el nombre. Quizás de esta manera la suerte le acompañer.

Escrito por | Redacción - AHP

Fuente: Ciro Bianchi Ross / Archivo TodoCuba

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