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¿Sabías que en sólo en el principado de Asturias vivían más asturianos que en Cuba?

La huella de los asturianos en Cuba ha llegado hasta nuestros días. Estos esforzados inmigrantes comenzaron a llegar a la Isla en grandes oleadas durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX. Los primeros estimulados por el gobierno español que deseaba “blanquear” la Perla de las Antillas para que no se repitiera el desastre de Haití y los otros en busca de salir de la pobreza que vivían en la península y hacer fortuna.

Sólo entre 1850 y el fin del dominio colonial español llegaron a Cuba unos 80 000 asturianos que se asentaron, sobre todo en La Habana y Matanzas. Muchos lograron triunfar en los negocios y otros tantos se regresaron a la Madre Patria sin un peso en el bolsillo. Los que decidieron quedarse en la Isla llegaron a constituir un poderoso núcleo de industriales y detallistas.

El tabaco fue uno de los sectores preferidos por los emprendedores asturianos. La famosa marca Romeo y Julieta fue fundada por dos inmigrantes de Asturias: Inocencio Álvarez y Manín García. Otro de sus coterráneos, Juan Antonio Bances Álvarez, llegó a amasar una enorme fortuna a través de las fábricas Partagás y Henry Clay. Pero si un asturiano resaltó por encima de sus paisanos en el mundo del tabaco fue Calixto López, quien sobrevivió a todas las crisis del sector y llegó al siglo XX convertido en el decano de los productores de tabaco en Cuba.

Dos sopas de Cuba que “levantan un muerto”

Los asturianos que hicieron fortuna en la Isla tuvieron siempre un gran sentido de solidaridad con sus coterráneos menos afortunados. Muchos recordaban que habían llegado a Cuba con lo puesto e impulsaron la fundación de centros comunitarios para prestarles apoyo, como la Sociedad Asturiana de Beneficencia que llegó a tener 60 delegaciones en todo el país.

Símbolo del poder que esta comunidad alcanzó en Cuba y de su proyección social fue el espléndido Palacio del Centro Asturiano que hicieron levantar frente al Parque Central de La Habana a inicios del siglo XX, en el que celebraban actividades de todo tipo para sus afiliados sin importar su clase social.

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Con el triunfo de la Revolución de 1959 los asturianos perdieron este suntuoso edificio, donde hoy radica el Museo Nacional de Bellas Artes; pero sus descendientes aún muestran muchísima vitalidad en Cuba y en su sede de Prado 309 entre Ánima y Virtudes celebran actividades culturales y se preocupan por ayudar con todos los medios a su alcance a los asociados.

Otro edificio emblemático que construyeron los asturianos fue el célebre teatro Campoamor en Industria 411 que hoy se encuentra en ruinas, pero cuya fachada es una de las más bellas de La Habana y aún despierta la admiración de quienes la contemplan.

No menos importante resulta la antigua Quinta, Asilo y Cada de Salud Covadonga (que nombraron así los asturianos en honor a su santa patrona). En sus extensos terrenos fueron levantando un pabellón tras otro desde su fundación en 1897 hasta convertirlo en uno de los hospitales más importantes de Cuba.

Aunque hubo asturianos en toda Cuba, los lugares donde más perduran sus huellas son el occidente de la Isla. De hecho, se afirma que en la mayor de las Antillas se estableció la mayor colonia asturiana fuera del Principado.

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