Alejandro Balbín

La increíble historia de Alejandro Suero Balbín, el pobre inmigrante asturiano que llegó a Cuba con menos de mil pesos y construyó un imperio

Muchas son las historias de inmigrantes españolas que llegaron a Cuba en medio de la más desoladora pobreza y levantaron enormes fortunas. Sin embargo, pocas tan increíbles como la de Alejandro Suero Balbín, el asturiano que desembarcó en la Isla con menos de mil pesos de capital y construyó un imperio económico.

Nació en la pequeña aldea de Lue en Asturias el 26 de febrero de 1847 y siendo poco más de un niño comprendió que si no abandonaba su lugar de origen viviría y moriría en la pobreza. Por esa razón en 1861 se embarcó hacia Cuba, donde no tardó en distinguirse entre la colonia de peninsulares establecidos en la ciudad de Ciego de Ávila.

En la mayor de las Antillas, Suero Balbín desplegó una febril actividad: se dedicó a la exportación de maderas, estableció almacenes de ropa y ferretería, fundó un banco, fomentó fincas ganaderas y e invirtió en la industria panadera con una establecimiento modelo donde se crearon las galletas Balbín que gozaron de gran fama en Cuba.

La razones que tienen al reguetón cubano en los más altos niveles

A la par que incrementaba su fortuna, Suero Balbín se preocupaba por el mejoramiento de la ciudad en la que se había asentado. A su iniciativa se debió la fundación del Casino Español de Ciego de Ávila y a su generosidad la construcción de varios de los edificios más emblemáticos de la urbe.

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Se preocupó por que sus hijos recibieran la educación que él no pudo tener y los envió a estudiar a Francia, donde pasaba largas temporadas. Allí falleció en 1899 su esposa María de la Concepción Rodríguez Venegas de la Paz quien fue enterrada en el famoso cementerio del del Pére Lachaise.

Hombre preocupado por el bien público financió el establecimiento de una escuela primaria en su aldea natal de Asturias y donó 40 000 metros cuadrados de su hacienda El Bagá para que se construyera el cementerio de Ciego de Ávila

Durante las guerras de independencia de Cuba y a pesar de ser español y hombre de fortuna prestó ayuda a los insurgentes cubanos lo que le costó que el capitán general Valeriano Weyler lo desterrara a España.

Terminada la contienda regresó a Cuba y rehízo su fortuna con el mismo empeño de los primeros días. Sin embargo no regresaría más a Ciego de Ávila, la ciudad que más amó, estableciéndose en La Habana, donde vivió hasta los últimos días de su existencia.

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