La historia olvidada de cuando el Hotel Nacional de Cuba estuvo bajo el fuego de cañones

La historia olvidada de cuando el Hotel Nacional de Cuba estuvo bajo el fuego de cañones

El Hotel Nacional de Cuba fue escenario de violentos y dramáticos acontecimientos luego de la caída de la dictadura de Gerardo Machado el 12 de agosto de 1933, sus pasillos y salones se tiñeron de sangre. El 2 de octubre de 1933 se produce el cañoneo al Hotel Nacional de Cuba, al acantonarse en el Hotel oficiales de la élite del ejército del depuesto presidente Gerardo Machado debido a la sublevación de los oficiales de baja graduación, entre ellos el sargento Fulgencio Batista, contra los privilegios de la alta oficialidad.

El general Alberto Herrera Franchi, jefe del ejército y Presidente interino de la República ante la huida de Machado, renuncia al cargo el 13 de agosto a favor de Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, Secretario de Relaciones Exteriores nombrado por él días antes. El general Herrera estaba escondido con su familia y otras personas en el piso superior del Hotel Nacional pero no se sentía seguro. Benjamin Summer Welles, embajador norteamericano, amenazó con hacer desembarcar una fuerza de marines para la custodia del hotel. “He tomado toda precaución posible para asegurar su seguridad y he pedido garantías al gobierno para él y para aquellos senadores y diputados que son muy impopulares. El general Herrera espera abordar el Santa Ana mañana en la noche para Nueva York con su familia y yo iré personalmente al buque”. Saldría finalmente refugiado con rumbo a Jamaica bajo la protección de Welles.

No sería la única acción del embajador para proteger a los hombres del viejo régimen. En la tarde del 13 de agosto, con autorización de Carlos Miguel de Céspedes y en un cañonero de la marina cubana, salían para los Estados Unidos Elvira Machado, esposa del ex presidente, sus yernos José Emilio Obregón, Rafael Jorge Sánchez y Baldomero Grau con sus esposas e hijos.

Cuando se produjo el golpe de estado militar del 4 de septiembre de 1933 un grupo de oficiales de la Marina de Guerra y el Ejército Nacional, que habían sido desplazados del mando por los golpistas, comenzaron a reunirse en torno a su jefe, el coronel Julio Sanguily Echarte, jefe de la aviación, que se recuperaba de una operación quirúrgica en el Hotel Nacional, donde también radicaba el embajador de los Estados Unidos, Benjamín Summer Welles.

El embajador Welles aprovechó la circunstancia para conspirar con los uniformados contra el gobierno de la Comisión Ejecutiva y luego contra el provisional de Ramón Grau San Martín que le sucedió. En la noche del 12 de septiembre, dos días después de que Grau fuese nombrado presidente provisional, Summer Welles envió una nota al secretario de Estado de su país en el que daba cuenta de la situación en que se encontraban los oficiales en el Hotel: “Todos los empleados del Hotel Nacional han dejado en la noche de ayer el hotel; el agua y la luz han sido cortados en el día de hoy. Yo y los norteamericanos que todavía nos manteníamos en el hotel, estuvimos obligados a dejarlo en la mañana.”

Los soldados con ametralladoras y fusiles atacando el hotel.

La noche del 1 de octubre el secretario de Gobernación, Guerra y Marina, Antonio Guiteras Holmes citó a una reunión en Columbia y ordenó a los mandos tomar el hotel por la fuerza. A las 05:00 horas del 2 de octubre de 1933 cerca de 4000 soldados del Ejército Nacional armados con Springfields, ametralladoras, tanques, cañones y el apoyo naval del buque escuela Patria y el crucero Cuba por la parte del mar, rodearon el Hotel Nacional. El ya coronel Fulgencio Batista, como jefe del Ejército, situó su puesto de mando en el garaje Alfaro a unos 500 metros del hotel en M y Calzada. Allí se le reunieron Guiteras y otros líderes civiles y militares.

La guardia de los oficiales, situada en la azotea del edificio divisó tres camiones cargados de soldados y la posta que vigilaba el Monumento al Maine dio igual alarma. A las 05:45 horas comenzó el ataque de los soldados sobre el hotel desde todas las posiciones. Algunos civiles del DEU y Pro Ley y Justicia se sumaron a los asaltantes.

Los oficiales, alrededor de 400, sólo tenían sus armas personales reglamentarias y el ridículo armamento de 8 ametralladoras, 37 Springfields con 50 tiros cada uno y 16 escopetas que introdujeron sigilosamente horas antes del asalto, pero eran excelentes tiradores y dominaban el campo de batalla desde las ventanas del hotel. Con cierta facilidad comenzaron a batir a los soldados. La ametralladora que los asaltantes habían colocado en Infanta y 23 fue silenciada por los disparos de los oficiales y los servidores de la pieza fueron muertos o heridos. Las fuerzas que disparaban desde las furnias de la calle 23 también fueron diezmadas por el fuego del edificio y quedaron aisladas del resto de las unidades.

El ejército emplazó entonces un cañón en la calle 21 y otros en varios puntos estratégicos de la ciudad. El buque escuela Patria salió de la bahía de La Habana y se situó frente al hotel disparando sus piezas contra el mismo, pero a pesar de ser el Hotel Nacional un edificio de ocho pisos, ninguno de los proyectiles dio en el blanco.

Varios de los oficiales yacen en los jardines del hotel asesinados después de haber entregado sus armas

Fue sobre las 10:00 horas que un cañón de 75 mm comenzó a impactar las paredes del edificio y causar bajas en los sitiados. Las baterías que situaron los asaltantes en la Universidad de La Habana y en la calle Calzada estaban fuera del rango visual de los oficiales y comenzaron a causar estragos con sus proyectiles de gran calibre sin que los defensores del hotel pudieran hacer nada por impedirlo.

Sobre las 13:00 horas una ambulancia de la Cruz Roja se acercó al hotel portando bandera blanca. El tesorero de esa organización llevaba al Doctor Horacio Ferrer Díaz y el coronel Julio Sanguily Echarte la propuesta de tregua y rendición de Antonio Guiteras y Fulgencio Batista a los sitiados. Decía la propuesta:

“Hemos declarado una tregua hasta el regreso del señor Víctor G. Mendoza, representante de la Cruz Roja, cuyo tiempo será de una hora a lo sumo, a fin de que dicho señor haga las gestiones de su humanitario cargo y proponga las siguientes bases para terminar la guerra declarada por los habitantes del hotel Nacional.

Primero, deponer la actitud bélica inmediatamente, salir de 5 en 5, a intervalos de 10 minutos completamente desarmados, en calidad de detenidos.

Segundo, que por esta parte se respetará la vida y se les darán toda clase de garantías para terminar situación tan enojosa en nombre de la república.

A las 11.30 a.m. del día 2 de octubre de 1933, en el campamento de operaciones, en la ciudad de La Habana, del estado mayor de ejército. (Firmado) Fulgencio Batista, Jefe del Ejército Nacional”.

Los oficiales aprovecharon la tregua para sacar a sus heridos y varias mujeres que se encontraban en el edificio.

Estado en que quedó la entrada del Hotel Nacional después de la batalla

No hubo rendición y el fuego se reanudó a las 15:00 horas y volvió el ejército a cañonear el hotel. De nuevo el buque escuela Patria y el crucero Cuba se colocaron en posición de ataque frente al hotel y comenzaron a cañonearlo. En una hora de fuego quedaron destruidos los pisos tercero, sexto, séptimo y octavo del Hotel Nacional.

El combate duró 11 horas y los sitiados solo izaron la bandera blanca cuando se les acabó el parque, dos horas y media después. Tal como muestran fotos de la época, el edificio quedó acribillado en sus cuatro costados y decenas de muertos y heridos cubrieron de sangre sus salones y jardines. Al ver la imposibilidad de resistencia y la seguridad de ser aniquilados y sin recibir el apoyo que le había prometido el ABC los oficiales decidieron rendirse. Un teniente subió a la azotea e izó en el asta de la bandera una sábana blanca.

Inmediatamente los soldados al mando del recién ascendido a teniente Belisario Hernández entraron al lobby en tropel. Allí estaban esperándolos los jefes Ferrer y Sanguily. La serenidad y firmeza de los rendidos impresionó a la soldadesca. Belisario Hernández, que sirvió a las órdenes de Sanguily en el cuerpo de aviación, previendo que cualquier exaltado pudiera atacarlos, impuso su autoridad y los sacó del edificio custodiados con personal de su confianza y los llevaron en un automóvil a la Cabaña.

La decisión del teniente Belisario fue muy oportuna pues minutos después, mientras los oficiales desarmados y fuertemente custodiados salieron en grupos de cinco cada diez minutos formaban una fila desde la puerta del hotel hasta la calle 21 y O para subir a los camiones que los llevarían a las prisiones militares, fueron tiroteados, matando a 10 de ellos e hiriendo a otros 20. (Versiones dicen que durante la batalla los sitiados sólo habían tenido cuatro heridos graves y ocho leves). Algún tiempo después los jefes y oficiales serían puestos en libertad.

Escrito por: Redacción.
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