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La desconocida historia del niño que derrotó a José Martí

Aunque no sea muy conocido, José Martí se mostró muy interesado en el juego de Ajedrez. Aún hoy no se puede determinarse desde que edad aprendió a mover las piezas, pero se piensa que pudo haber sido su maestro Rafael María Mendive quien le enseñara, o tal vez su amigo Fermín Valdés Domínguez.


Pero no será precisamente Martí nuestro protagonista, sino el niño mexicano Andrés Ludovico Viesca, de solo 7 años de edad y natural de Coahuila.

En aquella ocasión parece haber sido jugada una simultánea, pues el pequeño también derrotó ese día a otro cubano, Agustín Mendiola. El niño jugó con las blancas y Martí con las negras. Como al parecer ya el pequeño había llamado la atención por sus habilidades ajedrecísticas precoces, la partida fue publicada por el ajedrecista cubano Andrés Clemente Vásquez, radicado en México, en la revista La estrategia mexicana, en el número correspondiente al 24 de octubre de 1876.

A mí también me gusta mucho el ajedrez, pero como jamás he logrado pasar de la categoría de pésima, ni aún con la partida frente a mis ojos puedo decir si Martí jugó bien o mal ni si era un buen ajedrecista. El caso es que perdió.

De este mexicanito no se supo nada más, además del retrato y la crónica periodística, publicadas en los diarios de la época, fue como si pasara inadvertido o simplemente se esfumara. Como no existe, al parecer, más información sobre él, no es posible saber si era de origen humilde, clase media o alta de la sociedad mexicana. En la época la muerte de un niño era algo muy común, más si era de naturaleza débil, como se nos dice que lo era el niño Viesca. Su éxito fulgurante, pero que se pierde en el vacío, permite presumir que quizá murió poco después de aquella partida.

Sería poca o nula la deferencia si pensáramos en ese niño como si fuera el pequeño Martí, solo por un detalle, se diferenciaría que al niño Viesca le costaba hablar mientras Martí ha sido uno de los oradores más grandes en lengua hispana, podría pensarse que se trata de él y no del mexicanito, tantas similitudes hay entre sus personalidades.

Nunca sabremos nada más de este niño, pero es fácil imaginar que de todas las derrotas que Martí soportó a lo largo de su vida, aquella fue seguramente la que lo hizo más feliz.

Escrito por: Redacción

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