Historias de la prostitución en Cuba, las casas de Marina (2da parte)

Historias de la prostitución en Cuba, las casas de Marina (2da parte)

Luis Ortega, el famoso periodista cubano narraba un episodio muy pintoresco. Ocurrió durante los años 40, más o menos. La casa de prostitución más famosa de la capital era la Casa de Marina. Estaba en la calle Genios, muy cerca del Palacio Presidencial. Muchos turistas americanos salían del barco e iban derechitos para la famosa casa.

Un día llegó a La Habana el actor Errol Flyn, que era entonces muy famoso y enseguida lo llevaron a la casa. Alguna muchacha del barrio lo vio entrar en la casa y dio la voz en toda la zona. Entonces ocurrió algo muy curioso. Más de mil mujeres, de todas las edades, e incluso niñas, se aglomeraron frente a la casa de Marina exigiendo que Errol Flyn saliera. Querían verlo. Querían su autógrafo. Querían sobarlo.

Fue un verdadero escándalo. Todo aquel barrio, el espacio entre Galiano y el Prado, y entre Neptuno y la calle San Lázaro, estaba ocupado por miles de casas de prostitución. Marina con sus ganancias mudó su negocio para la calle Trocadero. La zona llegó a convertirse en un escándalo intolerable, llovían las críticas.

Un día a Luis Ortega se le ocurrió iniciar en el periódico donde trabajaba una campaña contra la prostitución. Aquello fue sensacional. El primero que se disgustó con él fue el jefe de la policía, luego los ministros del gobierno.

La campaña fue de tal naturaleza que no tuvieron más remedio que invadir el barrio y cerrar todas las casas de prostitución. Botaban los muebles para la calle, expulsaron a las mujeres, detuvieron a las dueñas.  A la pobre Marina le tiraron los muebles por el balcón. A partir de aquella masacre Ortega tuvo que andar con pies de plomo. El teléfono de su casa sonaba constantemente para transmitirle chismes a su esposa. La hacían la vida insoportable.

Un día, ocurrió algo inesperado. El periodista recibió una llamada de Marina, a la que no conocía, y esta le dijo que quería hablar con él personalmente. Quedaron citados en la calle 12 a la entrada del cementerio. Tras llegar al lugar acordado, se estacionó detrás del carro de Marina y se pasó para su automóvil. Tan pronto se sentó al lado de la mujer, esta rompió a llorar.

“Usted ha desgraciado mi vida, usted me ha arruinado”, decía entre sollozos. Luego se calmó y dijo que estaba arruinada, y que la culpa la tenía él… Luis Ortega.

La campaña fue de tal naturaleza que no tuvieron más remedio que invadir el barrio y cerrar todas las casas de prostitución. -todocuba.com

Hay que imaginar el cuadro, en la parte trasera de un automóvil. Ortega no sabía qué hacer. Entonces Marina dijo que ella quería abrir su casa y necesitaba su permiso. El periodista protestó. “No es cierto”, le dijo. “Sí, es cierto, yo tengo el permiso del presidente, del ministro, del jefe de la policía, pero si usted me publica una nota me vuelven a cerrar”.

La matrona ofreció dinero. “Marina, si yo le acepto a usted solamente diez centavos, a la media hora lo sabe toda La Habana”. – explicó Luis –. Marina rogó, lloró, amenazó. Al fin le dijeron: “Mire, Marina, haga lo que usted quiera. Mientras viva yo no me vuelvo a meter con el negocio de la prostitución”.

Y entonces Marina se transformó y empezó a darle abrazos y besos.

Autor: Maikel Mederos Fiallo.

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