Conoce estos interesantes datos sobre la presencia judía en Cuba

Conoce estos interesantes datos sobre la presencia judía en Cuba

El judaísmo es la más antigua de las tres grandes religiones monoteístas que han existido en la historia. Cada judío desarrolla su vida personal bajo los preceptos de esta religión, pues, más que un dogma, es una forma de habitar en comunidad, celebrar y festejar en honor a Yahvé y comportarse de acuerdo a una serie de normas que se erigen como pautas de esta religión.

Cuba, como cualquier país del mundo, no está exenta a las influencias del judaísmo en el abanico que conforman las religiones que subyacen en el país. De hecho, su llegada a la Isla ocurrió en el mismo 1492, pues un tripulante de la flota comandada por Cristóbal Colón era practicante de ella. De esa forma, existió una ligera presencia de hebreos en el país –algunos de ellos participaron en las guerras de independencia- hasta el año 1898, en que ocurrió la primera oleada migratoria de judíos hacia Cuba.

A lo largo de los siglos XIX y XX, se produjeron cuatro oleadas migratorias hacia Cuba. Algunos de ellos eran judíos sefarditas –provenientes de España y Portugal, en su mayoría-, mientras que otros partían de Europa en busca de un refugio para protegerse del holocausto. Fue así como múltiples hebreos provenientes de Alemania y otros países en estado bélico arribaron a la Isla, conformando una amplia comunidad de asquenazíes en el territorio cubano.

Durante la primera mitad del siglo XX, muchos negocios cuyos propietarios eran judíos florecieron en la Isla. Entre ellos merece destacar el de los diamantes, el cultivo de la esponja japonesa, la manufactura de embutidos, quesos, productos medicinales y una infinidad de comercios que les otorgaban gran poder adquisitivo a numerosos hebreos.

Sin embargo, a partir de 1959, muchos de ellos decidieron dejar el país para partir en busca de nuevos horizontes. La comunidad judía en Cuba descendió considerablemente, sumándosele a ello las restricciones que existieron respecto a la práctica de la religión, hasta los años 90. Durante esa época, múltiples sinagogas fueron clausuradas, y gran parte de los miembros tuvieron que dejar de lado sus prácticas –o esconderlas- para poder ocupar cargos políticos o de dirección en el país y en las universidades.

Cuba, como cualquier país del mundo, no está exenta a las influencias del judaísmo en el abanico que conforman las religiones que subyacen en el país. -thehistoryCLPC.com

En la actualidad, existen tres sinagogas en la capital. La primera de ellas, de carácter ortodoxo, se encuentra ubicada en Acosta y Picota, La Habana Vieja, y lleva por nombre Comunidad Religiosa Adath Israel de Cuba. En El Vedado, se ubica el Centro Hebreo Sefardí (en 17 y E), así como el Patronato de la Casa de la Comunidad Hebrea en Cuba (asentado en 13 e I). Esta sinagoga es la sede más importante que posee el judaísmo en el país. En su interior se encuentran múltiples instituciones, entre las que destacan una escuela hebrea y una biblioteca con más de 13 000 ejemplares sobre esta religión. Existen dos cementerios en Guanabacoa, así como otros en Santa Clara, Camagüey y Santiago de Cuba.

Hoy en día, la comunidad judía en Cuba es impulsada por los jóvenes. Desde hace algunas décadas se han desarrollado tareas y actividades para dar a conocer esta religión a lo largo de todo el país. Los centros hebreos que durante algunas décadas permanecieron cerrados, hoy abren sus puertas a nuevos miembros y practicantes, ansiosos por impulsar el desarrollo de su comunidad.

Aunque en numerosos países es imposible convertirse a esta religión sin provenir de vientre judío, la comunidad que existe en el archipiélago ha permitido que aquellas personas que realmente lo deseen puedan formar parte de ella, no sin antes someterse a una inspección llevada a cabo por un tribunal rabínico, así como al rito de circuncisión. Esto ha significado una ruptura con tradiciones ortodoxas de esta religión, y ha constituido un importante impulso para esta religión en Cuba, que cuenta ya con 1200 practicantes.

Por: Talía Jiménez Romero

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