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Baracoa, la curiosa y desconocida historia de una hermosa rusa que llegó a ese rincón de Cuba huyendo de la Revolución de Octubre

Desde hace siglos, con la descripción que hicieron tanto Cristóbal Colón como los cronistas que le acompañaron en los primeros días de recorrido por los territorios orientales de la isla de Cuba, donde Velázquez fundó años después la primera villa, se pudo asegurar que Baracoa es tierra encantada.


Cuando descubrieron un mundo desconocido y de inagotables bellezas naturales se expresaron pródigos adjetivos para realizar la descripción de la zona. Según Bartolomé de las Casas, Colón declaró que allí era el propio lugar para hacer una villa y una ciudad, y fortaleza por el buen puerto, buenas aguas, buenas tierras, buenas comarcas y mucha leña.

Tal vez fueron estas las más significativas razones que llevaron a Magdalena Menasses Rovenskaya después de un largo peregrinaje por el mundo a establecerse en Baracoa.

Magdalena, según consta en las descripciones, era una mujer hermosa, y también enigmática, de gran cultura y poseía una prodigiosa voz de soprano. A su alrededor no tardaron en tejerse las leyendas y mitos que acompañaron el enigma respecto a su decisión de establecerse en un punto tan lejano de la isla caribeña. Partió de su natal Rusia huyendo de una Revolución que cambiaría el curso de la historia.

Magdalena según consta en las descripciones era una mujer hermosa

Viajó por varias tierras del mundo hasta que en el año 1929 eligió a Baracoa como lugar para asentarse y residir. En la Isla la sorprendió el triunfo de otra revolución muchos años después. Esta enarbolaría también las banderas de los que luchan por un mundo mejor, convirtiéndose así en un nuevo espacio emancipado.

Este pintoresco personaje que pasó a la historia con el nombre de la rusa de Baracoa, por esos años había asimilado de forma espontánea esta segunda revolución que penetraba en su vida. Quizás comprendió que no se puede escapar del tiempo y que el mejor asidero para darle sentido a la vida personal es aportar lo mejor de sí mismo a los ideales de justicia social.

Ella, Magdalena Menasses era hija de un militar zarista ajusticiado en la Revolución de Octubre. A partir de entonces, acompañada de su madre primero y luego de su esposo, con quien se había casado en 1924, siendo este un diplomático ruso en Turquía, inició un largo peregrinar por el mundo buscando un lugar para asentarse, hasta llegar a Baracoa, donde fue tomada indistintamente por una artista y una espía.

En realidad llegó a Cuba en mil novecientos veintinueve con el propósito de hacerse cargo de los negocios que dejó al morir un pariente de su esposo; pues Baracoa experimentaba entonces un gran auge económico debido a la producción bananera de principios del Siglo XX. El matrimonio, con el transcurrir del tiempo, se hizo dueño de un café, una tenería y una pequeña propiedad agraria, negocios que no continuaron en los años cincuenta, cuando, robándoles el espacio a las tunas y uvas caletas de la costa, construyeron el hotel Miramar, terminado en 1953, frente al malecón de Baracoa, llamado desde entonces por el sobrenombre de La Rusa, como aún se le conoce. Baracoa ejerció su especial embrujo sobre esta elegante mujer y a la vez la atractiva rubia hechizó a sus pobladores.

Ella no solo dio alojamiento en su hotel, según afirman los historiadores, a importantes figuras del movimiento revolucionario durante la clandestinidad como Fidel, Celia y otros, sino que también una vez producido el triunfo se incorporó como una cubana más a la ola de pueblo desatada por el proceso popular.

Magdalena falleció en el año de 1978 y todos los que la conocieron tuvieron la certeza de que La Rusa de Baracoa no sería recordada únicamente en la oriental localidad cubana que le dio abrigo durante la mayor parte de su existencia, sino mucho más allá. Tuvo una vida que casi acariciada por la leyenda, sirvió de fuente de inspiración a Alejo Carpentier para el personaje de Vera en la novela La consagración de la primavera; y así trascendió en el tiempo.

Escrito por: Redacción

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