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Así fue el apoteósico entierro con que Santiago de Cuba despidió a su querido Emilio Bacardí, el creador de una de las marcas más icónicas del ron cubano

Emilio Bacardí fue el más grande benefactor de Santiago de Cuba y uno de sus vecinos más ilustres y querido. Tanta veneración despertó y despierta en esa ciudad oriental, que ni siquiera el poder surgido en 1959 ha podido borrarlo; por más que nunca le haya agradado ese apellido ligado a los malvados “oligarcas capitalistas”.


En julio de 1922, a los 78 años de edad, el patriota y exalcalde de Santiago de Cuba se encontraba tan enfermo que sus médicos le recomendaron que dejara Cuba y se marchar a Nueva York o París para restablecer su salud. Sin embargo, Emilio Bacardí, comprendió que el fin estaba cerca y no quiso que la muerte le sorprendiera en tierra extraña. Así que sólo consintió en trasladarse a su quinta campestre en el poblado de Cuabitas. Años atrás había bautizado esa propiedad como Villa Elvira, en honor a su amada esposa.

Allí el calor era menos agresivo que en Santiago de Cuba. Podía disfrutar de paseos hasta el arroyo que cruzaba la finca y extasiarse en la contemplación de las estatuas de su hija Mimí que adornaban los alrededores de la Quinta.

Como por primera vez en largo tiempo disfruta de mucho tiempo libre, lo aprovecha para leer y escribir cartas a sus hijas, radicadas en Francia. Sus amigos le visitan con frecuencia y con ellos se informa del acontecer de la nación y de su querida Santiago de Cuba.

Una guardia de honor con los personajes más ilustres de Santiago de Cuba siempre estuvo presente en su sepelio

Sin embargo, la enfermedad lo vence. Pocos después, de un mes de su llegada, el 25 de agosto, sufre un infarto que lo debilita. Tres días después un segundo ataque termina con la vida del ilustre cubano. Con dolor, su amigo, el doctor Antonio Guernica comunica a la familia que el ilustre patriarca ha muerto.

Ese mismo día había llegado a la Estación de Ferrocarriles de Santiago de Cuba procedente de La Habana, una delegación de políticos que deseaba lanzar la candidatura de Emilio Bacardí para presidente de la República. Al llegar a la finca y encontrarse con la mala nueva, sólo pueden expresarle a su viuda el pesar de haber encontrado muerto al que consideraban “la última esperanza de la nación”.

A su entierro se volcó el pueblo entero de Santiago de Cuba. Desde los más encumbrados aristócratas, hasta los más humildes obreros del puerto acudieron a despedir al benefactor de la ciudad. Los edificios enlutaron sus fachadas con colgaduras negras y todos los espectáculos y comercios cerraron por voluntad propia.

El sepelio partió, escoltado por la policía, desde Villa Elvira hasta el Ayuntamiento de Santiago de Cuba, donde se detuvo unos minutos. El alcalde Ruiz Cazade, ordenó entonces bajar la bandera, hasta rozar el féretro y tocar el Himno Nacional. A este hecho, nunca más repetido en la historia de Cuba, los santiagueros lo bautizaron como el “Beso de la bandera”.

Miles de personas le dieron el último adiós por las calles de Santiago

Desde allí, acompañados por el pueblo de Santiago parten al Cementerio de Santa Ifigenia, donde inhumado en el sencillo panteón familiar. Despiden el duelo, el licenciado Antonio Bravo Correoso, el coronel Federico Pérez Carbó y el dominicano Federico Henríquez y Carvajal, amigo de Martí.

Mientras su cuerpo desciende al sepulcro, se van escuchando, una tras otra, las descargas de fusilería que en su honor ha ordenado el estado mayor del Ejército Nacional.

Escrito por | Redacción

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