Pescar clarias en Cuba, una curiosa forma de «lucharse la vida»

Pescar clarias en Cuba, una curiosa forma de «lucharse la vida»
© cubanet

Los únicos peces que sobreviven en Cuba a cualquier ambiente, incluso a los más pestilentes y putrefactos son las clarias, una especie que fue introducida en el país durante la década del noventa para satisfacer necesidades alimenticias de la población y que desde hace tiempo se ha convertido en una verdadera plaga.

Las clarias deambulan en condiciones de poca salubridad, ausentes del más mínimo sentido ecológico, nadan lo mismo en un río de agua clara, que en una fosa repleta de desechos.

Esta especie es conocida también como «Pez Gato» y su condición le permite estar tanto en el agua y también desplazarse por tierra.

Sus dimensiones son bastantes grandes llegando alcanzar el metro de longitud y llegar a pesar hasta 60 kilogramos o mas.

Esta especie es capaz de depredar todo donde habita por lo que es considerada como una especie bastante dañina por todo lo que es capaz de hacer.

El pez claria Cuba. FUENTE: caos y cosas de Cuba

Por si fuese poco su anatomía, desagradable a la vista, les permite además reptar hasta en el pavimento y alimentarse de cualquier cosa que les salga al encuentro: animales, insectos, basura…

Muchas personas las comen por gusto voluntario, otras lo hacen gracias al engaño de quienes maquillan su carne y la utilizan en embutidos y otras elaboraciones.

También se utilizan para la alimentación de otros animales.

De eso, precisamente, vive la mayoría de las personas que se dedica a cazarlas y hablan de su olor ácido, los grandes tamaños que pueden llegar a alcanzar y el aspecto bigotudo de sus enormes cabezas.

Los que se dedican a vender su carne y pasan horas en lugares insalubres lanzando el anzuelo, consiguen venderlas luego muy limpias en hostales y restaurantes que seducen con el pretexto de sus condiciones nutritivas.

A veces las utilizan para hacer piensos y dar de comer a los cerdos y a las gallinas.

También la realidad muestra que muchas familias la llevan a la mesa por necesidad, porque un pescado de mar puede llegar a costar en Cuba unos 500 pesos, cifra pagable por una minoría poco representativa de la población.

La claria no solo sale mucho más barata, sino que abunda en cualquier zona del país y, además, dicen, alimenta tanto o más que cualquier carne roja y resulta exótica para los turistas.

Nadie conoce el sitio exacto por donde esta especie comenzó a habitar en las alcantarillas de las ciudades cubanas, aunque se presupone que puede ser por crecidas de los arroyos que atraviesan las urbes hayan entrado por algún hueco que desembocara debajo de las calles.

Su resistencia y adaptabilidad les ha permitido acomodarse a los más agrestes ecosistemas, llegando a poner en riesgo espacios naturales como la Ciénaga de Zapata, donde los reportes aparecidos en la prensa estatal dan cuenta de los daños ocasionados a especies endémicas como el manjuarí.

Las clarias son biológicamente ciegas, pero a pesar de esto son consideradas un depredador muy efectivo, capaces de detectar a sus presas con su olfato y sus bigotes, siendo realmente letales en la oscuridad, motivo que las hace buscar su alimento cerca del fondo de ríos y lagos.

Como el resto de los animales, cuando son criadas dentro de granjas de cultivo o embalses, donde su dieta esta garantizada, buscan alternativas para su alimentación, llegando incluso a presentar rasgos de canibalismo.

Eso, junto a la capacidad de trasladarse por tierra, es lo que más escandaliza a muchas personas en nuestro país.

Escrito por: Redacción - LB, usando información de: cubanet.
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