Los acuáticos: una historia de milagros en Viñales

Los acuáticos: una historia de milagros en Viñales

Una de las tradiciones que más identifican al Valle de Viñales es la historia de Antoñica Izquierdo, conocida como la Curandera de los Cayos.

Aquella mujer campesina y humilde, vivía en la zona de San Felipe, entre mogotes, caminos de tierra y vegetación tupida.

La tranquilidad de aquel paisaje era su mayor tesoro, pero prescindía de cuestiones elementales como la atención médica. Corrían los años 30 del siglo XX y en Cuba la salud costaba muy cara, aún más para familias numerosas como la de Antoñica, que llegó a tener siete hijos.

Un día, cuando se enfermó el menor de los niños, la madre pedía a rezos que se sanara, no tenía dinero para llevarlo al hospital.

Dicen que fue entonces cuando se apareció la Virgen María y le aseguró a la campesina que su hijo quedaría curado. A cambio, Antoñica recibiría poderes divinos para aliviar los padecimientos de otros, pero para eso, no podía usar medicamentos: tenía que auxiliarse solamente del agua. Por supuesto que la madre aceptó y aquel fue el origen de la comunidad “Los Acuáticos”.

Hoy, hasta el Valle de la Penitencia, último lugar donde convivieron Antoñica y los suyos, llegan cientos de extranjeros y cubanos para conocer aquellos hermosísimos parajes y conversar con quienes vivieron de cerca la leyenda. -cubaverano2014.com

Según comenta el sociólogo cubano Daniel Álvarez Durán, las abluciones se realizaban en números nones tantas veces como se deseara, incluso algunos tomaban buches de agua como complemento. Además, todo el ritual estaba acompañado de la voz de la campesina que pedía el restablecimiento de la salud, en nombre de Dios y María Santísima.

De aquella época quedan los cuentos sobre los rezos inteligibles de Antoñica y su famosa frase: “Perro maldito, para el infierno”. En el camino quedaron muchos que murieron porque solo confiaron en el agua y quedaron también muchos agradecidos que encontraron en la Curandera de los Cayos, la solución a sus problemas.

Hoy, hasta el Valle de la Penitencia, último lugar donde convivieron Antoñica y los suyos, llegan cientos de extranjeros y cubanos para conocer aquellos hermosísimos parajes y conversar con quienes vivieron de cerca la leyenda.

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