La triste leyenda de Iasiga, la india cubana que fue transformada en un monstruo marino por infiel

La triste leyenda de Iasiga, la india cubana que fue transformada en un monstruo marino por infiel

Una de las leyendas indocubanas – aunque al parecer con algún aporte hispánico – más triste que ha llegado hasta nuestros días es la de Iasiga (también llamada Yasiga), a quienes los dioses transformaron en un monstruo marino por serle infiel a su esposo Maítio.

Iasiga era una india preciosa que tuvo la mala suerte de casarse con Maítio, un laborioso aborigen más soso que el casabe. Mientras él se dedicaba a la caza y la pesca, la hermosa Iasiga se aburría como una ostra en la aldea esperando su llegada. En ocasiones para matar el tedio se iba al monte para recolectar flores y frutas.

Fue en una de esas excursiones en la que se encontró con Gaguino, un apuesto joven por el que suspiraban todas las mujeres del cacicazgo y que, además, tenía fama de conquistador empedernido. El indio le hizo un guiñito y la apasionada Iasiga se dejó llevar por la pasión más desmedida.

Los encuentros entre los dos amantes se fueron haciendo, cada vez más, frecuentes e intensos lo que les hacía perder la noción del tiempo. Esa era la razón por la que el pobre Maítio cuando regresaba cansado a su choza no se encontraba a su mujer y comenzó a sospechar que algo raro estaba sucediendo.

Comenzó a interrogar a Iasiga sobre sus prolongadas ausencias, pero esta se justificaba diciéndole que estaba ocupada llevando ofrendas a sus familiares muertos. Maítio sacó pronto la cuenta de que su mujer no tenía tantos seres queridos difuntos para no estar nunca en casa y una mañana decidió ausentarse del trabajo y seguirla.

La sorprendió entonces en pleno amancebamiento con Gaguino y cegado de ira le fue encima a la pareja macana en mano. El valiente Gaguino se convirtió entonces en recordista de velocidad de la liga Siboney y desapareció a toda velocidad entre la cerrada manigua dejando a Iasiga a merced del furioso Maítio.

Sin embargo al tocado marido le faltó el valor para castigar de propia mano a su infiel esposa e invocó a los cemíes en alta voz para que se encargaran ellos.

Los dioses, que ese día no estaban muy ocupados (y tenían un sentido bastante morboso de la justicia), escucharon su ruego y de inmediato convirtieron a la casquivana india en un monstruo marino de aspecto horrendo, al que condenaron a vagar por las costas provocando temor y repugnancia a todo hombre al que se acercara.

Desde entonces Iasiga nada en los mares cercanos a Cuba y, de vez en cuando, se revela ante los pescadores que huyen despavoridos al verla.

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