Este cubano dice que el amor es lo que lo ha ayudado a vivir 106 años

Este cubano dice que el amor es lo que lo ha ayudado a vivir 106 años

El extenso y fuerte amor aunado a su fortaleza física y espiritual ha mantenido vivazmente a Francisco Perdomo Torres (Pipe). El Matancero, un día decidió emigrar de su tierra nativa en compañía de su madre y hermanos hacia Guasimilla de Nagua, ubicado en lo alto de la Sierra Maestra.

“Los cuatro varones éramos por esa época unos “polluelos”. Picamos mucha caña, sembramos distintos cultivos, además en el lugar donde construimos el rancho criamos gallinas y cerdos. Mi hermana Gloria ayudaba a la vieja en los ajetreos de la casa”.

Constantemente se nota su sonrisa, le gusta hacer chistes y recitar poesías: “Porque soy sano de alma. Nunca tuve riquezas, fui pobre desde que nací, pero nunca me ha faltado el cariño. Ese sentimiento he sabido  entregarlo a mi esposa y toda la familia”, afirmó.

Por el paso de un río, el joven blanco de buen aspecto lanzó  el “bejuco de campanilla” a la mulata capaz de enamorarle el alma tan sólo de fijarle las pupilas. “Le dije en tonada guajira: ¡Tú me gustas muchacha!”.

La joven Ana Luisa Cutiño Guerra residía cerca de aquel buenmozo joven, en Frio de Nagua. “En cuanto lo vi se me “sazonó” el corazón, cuenta Guerra que actualmente es su esposa. “Era el muchacho más lindo de aquella zona. Volvimos muchas veces a tropezarnos en el camino. Como respuesta de aceptación le regalé una sonrisa. Esa alegría entre nosotros nunca se ha acabado, aunque hayan pasado 62 celebraciones”.

De ese amor tuvieron un fruto de ocho hembras y un varón. Luego la familia ha aumentado notablemente. “Tenemos, dijo la fémina, 27 nietos, 12 bisnietos e igual cantidad de tataranietos. Es una felicidad habernos multiplicado tanto”.

Con 106 años recién cumplidos, a Torres se le ve vivaz y con mucha energía. “Estoy fuerte, mijito. Si el destino no se opone estoy dispuesto a llegar a los 120”. Francisco le ríe a la vida y a su suerte, besa con mucho amor los labios de su esposa, constantemente encendidos por la luz de los soles, luna y las estrellas.

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