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Descubre la leyenda cubana del fraile enamorado

Una de las leyendas cubanas menos conocidas es la del fraile enamorado que se lanzó al vacío desde el alto campanario de la iglesia de San Francisco al conocer de la muerte de la dama que causaba sus desvelos.

Cuentan que a finales del siglo XVIII un joven habanero, hijo mayor de una de las más aristocráticas familias de la villa regresó a su casa tras haber pasado algún tiempo en Cartagena de Indias. Allí había ganado fama de disipado y amante de las juergas, pero al poner los pies en La Habana cayó perdidamente enamorado de una hermosa joven llamada Beatriz.

Los padres de la muchacha, también de abolengo y fortuna, se opusieron desde el principio a la relación amorosa, pues conocían la mala fama del pretendiente.

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A pesar de que la muchacha estaba también enamorada las normas de la época terminaron por imponerse y ella, por no disgustar a sus padres, terminó por rechazarlo; una decisión que terminaría por hacerlos profundamente infelices a los dos.

El joven, ante el desprecio sufrido, juró nunca más entregar su amor a otra mujer, hizo votos en el Convento de San Francisco de Asís y se convirtió en fraile.

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Allí por su fortaleza y vigor le encomendaron el trabajo de subir cada día al campanario a tañer las campanas a las horas establecidas; y allí, cada día desde ese entonces acudió para verle Beatriz.

En los breves momentos en que abandonaba el claustro para cumplir con sus labores ella paseaba triste ante los muros del convento y lloraba de pena arrepentida de su decisión. Sin embargo ya no había nada que hacer.

Así pasaron los años y un mal día desde lo alto de la torre del campanario el fraile vio que el cura de la iglesia llevaba el sacramento a la calle lamparilla donde vivía Beatriz. Ese día, por primera vez en muchos años ella no había acudido al muro y el comprendió que agonizaba.

Cuando a las pocas horas le ordenaron subir para hacer el toque de agonía supo que la única mujer que había amado en su vida acababa de morir.

Sintió que le faltaba el aire y le ahogó el llanto. Entonces decidió dar un paso adelante y cayó al vacío para no tener que pasar ni un día más en el mundo con el dolor de no poder vez a Beatriz.

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